miércoles, 12 de mayo de 2010

QUADROPHENIA XVIII - El Jim Morrison del 4ºB

La historia que hoy vengo a contar me sucedió hace ya bastantes meses, no llega a cumplir el año. Era a últimos de Agosto, diría que ya habíamos entrado en Septiembre y por entonces me encontraba solo en casa, esperando a que, la que por entonces era mi novia, viniera a casa unos días.

Por la tarde, con la comida bajando, me dispuse a servirme un gintonic y empezar a escribir algo que me rondaba por la cabeza. Seleccioné algunos vinilos de la estantería y coloqué el primero en el tocadiscos; un recopilatorio de los Fleetwood Mac. Las ideas fluían, así como la ginebra mezclada con la tónica fluían por mi garganta. Aquel momento reposado… fue interrumpido por un ruido exterior, debajo, en una plazoleta cercana en la calle donde, me ha tocado vivir. Un grupo de latinoamericanos pasaban la tarde bebiendo cerveza y tocando la guitarra, no era raro, solían hacerlo y a mi francamente no me molestaban, por lo que seguí a lo mío.

The Chain, Go Your Own Way, Gypsy o As Long as for You... giraban y “crujían” en los altavoces. Que bien se estaba poniendo la tarde y más sabiendo lo que me esperaría días después, ¡que sensación tan gratificante!

Terminado parte del texto, finalizado el LP y vacío el vaso… volví a empezar. Esta vez la aguja acariciaba los surcos del Live at Fillmore East de los Allman Bros, rellené el vaso con ginebra y tónica para continuar apreciando aquella tarde frente a la hoja de texto del Word. Statesboro Blues era (y es) un comienzo brutal y Stormy Monday sabía mejor con cada sorbo de gintonic. ¡¿Por qué te llevaste a Duane Allman?!

En Fin…

Una llamada al móvil me saca del océano tan interesante donde tan placenteramente me zambullí al comienzo de la tarde. El emisor de la llamada ahora no tiene porque cobrar protagonismo, ni recuerdo quien era, ¿publicidad? ¿Algún mensaje de texto sin importancia? ¿Con importancia? Da igual, tras dejar el teléfono sobre la cama lo miré pensativo, volví a cogerlo y para evitar más subidas a la superficie, lo silencié. Que llamen…

You Don’t Love no se me estaba haciendo larga, sus casi veinte minutos de duración eran todo un placer, luego vendría Whipping Post con sus veintitrés minutos y poco, sin olvidar Hot ‘Lanta o In Memory of Elizabeth Reed… ¡como me enorgullezco de tener ese disco en mi estantería!

Los hielos del gintonic chocaban entre sí y con el cristal del vaso emitiendo un grácil tintineo. Aun tenía media copa por terminar, tranquilamente, no había prisa alguna, pues el texto en el que estaba trabajando prácticamente se escribía solo e iba como un tiro. No solo rápido, sino con fuego porque amigos, no hay que dar con fuerza, sino donde más duele.

Me recliné en la silla, cerré los ojos mirando hacia arriba y dejé que el alcohol que me embriagaba hiciera el resto mientras los últimos punteos de You Don’t Love Me arropaban mi ser con las ondas sonoras.

La aguja se levantó… últimos giros del disco por la inercia y silencio… ahora había silencio. Ya no se escuchaban los cantos ni ruidos de la calle, hacía un rato que terminé el texto y el vaso que unos minutos antes contenía el último gintonic, ahora permanecía impasible en la mesa, con gotas creadas por la condensación que escurrían hacia abajo formando un círculo acuoso alrededor. Desenfundé el tercer LP de la tarde, ya casi noche, Morrison Hotel de The Doors, cuidadosa mente le pasé una gamuza para quitarle el posible polvo que tuviera y lo coloqué en el plato.

Mientras sonaban los guitarrazos de Robby Krieger comenzando Roadhouse Blues abrí la carpeta y contemplé la foto del grupo en el interior. Sin previo aviso, un sonoro golpe me despertó del trance. Venía de la escalera así que me dirijo hacia la puerta de casa y de pronto, otro golpe, esta vez más fuerte seguido de otros más pequeños. Algo había caído por la escalera, algo… ¡o alguien!

Roadhouse Blues seguía sonando en el tocadiscos cuando abrí la puerta, aquella canción sirvió de fondo o banda sonora para la escena que me encontré.

Allí, agarrándose a duras penas al pasamanos de la escalera permanecía un tipo achaparrado, con el pelo a tazón, piel morena… unas Ray-Ban descolocadas y a punto de caerse que escondían unos ojos semi cerrados de mirada perdida. Lucía una camiseta negra ceñida marcando una prominente barriga, cinturón con una gran hebilla sujetando unos pantalones tejanos que terminaban dentro de unas botas camperas. Allí, a sus pies, la funda abierta de una guitarra y dentro, lógicamente, la guitarra. Es evidente que físicamente no guarda parecido, pero sería por el shock del momento o por la música de fondo pero me dije mentalmente… “¡El puto Jimbo latinoamericano vive en mi bloque!”

Imagínense por un momento dicha escena mientras suena Roadhouse Blues de The Doors. Esperpéntica es poco.

Aquel hombre pertenecía al grupo que se encontraban tocando la guitarra y bebiendo cerca de mi casa, debe ser que ahora regresaba a su piso y ni podía mantenerse en pie.
Le pregunté como se encontraba y no obtuve más respuesta que un balbuceo y un movimiento torpe. Espeté que tuviera un poco más de cuidado y ahora si obtuve una serie de frases que con prestando algo de atención se entendían, eso si, entre balbuceos obviamente.

-No me cuentesss novelassss… que te parto…

Me decía el pájaro mientras movía su brazo hacia atrás, pero antes de continuar con la frase se fue de espaldas contra la pared. Llega a situarse de espaldas a las escaleras y había bajado rodando las mismas. Se incorporó, agarró la funda de la guitarra, abierta, y mirándome con desprecio siguió con su viaje hacia la cuarta planta, no sin antes decirle con cierto aire bacilón.

-Eh Morrison, te llevas la funda pero te dejas la guitarra…

Pero ni caso, siguió subiendo y yo cerré la puerta. Al rato volví a oírle reptar por las escaleras para recoger su guitarra.

Aun algo aturdido por lo sucedido reparé en que la cara A del disco estaba a punto de terminar, sonaba Ship of Fools… idónea para echar el telón de aquella obra tragicómica.

Charly.-

lunes, 26 de abril de 2010

QUADROPHENIA XVII – Mistery Train. (Oda a Elvis)

Ahora que ha pasado el invierno (tanto climático como personal) y el Sol se deja ver a lo lejos, en mi horizonte personal, con claridad… hablaré de algo curioso que suele ocurrirme con los seres urbanos, especialmente de mediana edad y edad avanzada.

“Charly, tío, ¿esto tiene que ver con la música?”

Ya te digo yo que si, así que lee, que en todo hay ritmo y compás.

Esto se remonta, más o menos, hará ya casi tres años y algo. Yo salía de Atocha hacia Valencia en un Alaris mañanero, deposité mi equipaje de mano en la bandeja sobre la ventana y me coloqué el mp4. No recuerdo que estaba escuchando exactamente, la cosa estaba entre Johnny Cash, Ryan Bingham y Wilco. La lectura, que tampoco recuerdo muy bien cual era, seguramente amena, quizá una biografía de algún grupo o una novela distópica… lo mismo me releí 1984 o vaya usted a saber.

Antes de que el aviso de megafonía que sonaba en el exterior, ese aviso mecanizado con voz femenina que de repente corta una voz masculina anunciando el destino, avisara a los últimos viajeros de la salida del tren… subió una mujer que rozaba el sextenio, de pelo rubio platino casi cano, un chal blanco y unas gafas con monturas al aire que se colocó una vez en su asiento, por cierto, de ventana.

Las cuatro horas aproximadas que dura el viaje se presentaban algo apáticas; el paisaje pasaba veloz y me habían puesto una película poco o nada entretenida y a la hora y media de haber partido de Madrid me dejé caer en brazos de Morfeo. Apoyado sobre mi brazo derecho como pude, me mantuve desconectado durante un largo lapso de tiempo…

Mis ojos se abrieron, no se el tiempo que pasó. Ya no sonaba música en el mp4, incluso uno de los auriculares se había caído y ahora pendía sobre mi pecho. Algo aturdido miré por la ventana, la mujer que ocupaba el asiento de mi lado permanecía absorta en la lectura de su novela, con las gafas en la punta de su nariz. El Sol, always The Sun, brillaba con ganas y me tuve que poner las gafas de sol hasta que, al menos, mis ojos claros se acostumbraran a la luz sin que me dolieran.

Una vez situado en el tiempo, viendo la hora que era y por lo que supuse, algo avanzada, pues ya no había película y si un mapa en la pantalla que indicaba el recorrido del tren, el cual ya había pasado algo más de la mitad del camino, me recliné y traté de acomodarme en el asiento cuando la mujer de mi lado, me habló:

-I think you’ve fallen asleep.
(Creo que te has quedado dormido.)

¡Caramba! Me estaba terminando de despertar y resulta que mi compañera de viaje me estaba hablando en un perfecto inglés. Yo respondí como pude:

-Yes, I was tired and the film was boring.
(Si, estaba cansado y la película me aburría.)


La apacible señora sonrió con una leve carcajada, cerró su libro y lo depositó dentro de su bolso a la vez que se recolocaba sus gafas. De nuevo, dirigiéndose a mí continuó:

-My name is Cathy, nice to meet you.
(Mi nombre es Cathy, encantada de conocerte.)

Yo respondí cortés, con una sonrisa y dándole la mano:

-I’m Charly, nice to meet you too.
(Yo soy Charly, encantado de conocerte también.)

Señalando mis auriculares me pregunta, ahora en castellano pero con acento , que tipo de música estaba escuchando.
Me disculpé, pues quizá el volumen le había molestado aunque no estaba muy alto pero me dijo que no, que no le había molestado en absoluto. Proseguí, ahora, explicándole el tipo de música que estaba escuchando; que era country, blues, rock and roll clásico… pero sorprendida me dijo nuevamente en castellano, idioma que hablaríamos hasta el final del viaje…

-¡Oh! ¡¿Country?! Adoro a Johnny Cash, Hank Williams, Jimmie Rodgers... y el rock and roll de Eddie Cochran, Gene Vincent... y por supuesto ¡El Rey!


¡La hostia! A aquella apacible mujer le encantaba el country y el rock and roll. Aquello era curioso, muy curioso y yo quería saber más.

-¡Es extraño encontrar gente que conozca bien esta música! ¡Que sorpresa!

A lo que ella me respondió, sonriendo:

-Y es raro encontrar gente en un tren, y más en el mismo asiento, que se interese por Hank Williams, Eddie Cochran o Cash.

La conversación se antojaba interesante. La mujer me contó que llevaba ya tiempo en España y que iba a Valencia a visitar a una hermana suya. Nació en Estados Unidos, en un pueblecito de Virginia, creció allí escuchando, por entonces, discos de 45rpm de Gene Vincent, Harry Nilsson, Elvis Presley, Jerry Lee Lewis… que compraba ahorrando o bien los tomaba prestado de sus hermanos. Me habló de lo que significó el rock and roll, el rockabilly y el folk para ella. Sentía especial predilección por Johnny Cash, adoraba los comienzos del “man in black” en Sun Records y las últimas grabaciones con Rick Rubín antes de dejarnos. Me preguntó el motivo de mi viaje, sino era mucha indiscreción, sin problema alguno respondí a su duda. Por aquellas fechas era mánager del valenciano Manolo Tarancón y el motivo del viaje era para cerrar el trato y acordar ciertos puntos.

Me preguntó que tipo de música hacía, comenté que era una música también muy americana. Acústicas, pedal steel, slides, percusión con escobillas… que se asemejaba de algún modo a Ryan Adams, Wilco o a DylanQuique González en caso nacional… Sabina

-¡Oh! Dylan… Ryan Adams me gusta, pero soy más clásica, son de mí tiempo. –Dijo entre risas la buena señora.

-¿Ha escuchado The Last Man Standing? – Pregunté

-¡Por supuesto! Jerry Lee Lewis no ha perdido casi fuerzas y ese Pink Cadillac que se marca con Springsteen… también está Willie Nelson, mí querido Willie Nelson… Kris Kristofferson también aparece. – Respondió ella.

(Señores viajeros, les informamos que nos aproximamos a la Estación de Valencia Nord, no olviden sus pertenencias. Espero que hayan disfrutado del viaje con las líneas de Alaris, RENFE. Muchas gracias)

Nos despedimos, en algún viaje nos encontraríamos…

Charly.-





jueves, 25 de marzo de 2010

QUADROPHENIA XVI - Anatomía de una Estafa (Parte II) Desenlace

Los segundos eran minutos eternos escuchando el tono telefónico hasta que alguien del 112 respondiera. La novia de Michel impaciente susurraba un “venga, venga, venga” pero nadie descolgaba. Michel empuñando el avivador miraba por la rendija abierta de la puerta tratando de vislumbrar quien era aquella oportuna e inquietante visita.

La pupila del músico dilatada por la luz de las farolas se movía rápidamente, la sequedad de boca, respiración entrecortada… y manos sudorosas… su pareja colgaba el teléfono con un fuerte golpe desesperado. Michel no aguantó más y abrió de par en par la puerta y alzó el avivador.

-¡¡¡¡No!!! ¡¡¡Espera!!! – Gritó la visita.

Michel se detuvo al oír la voz y descubrir quien era aquella persona.

-Perdona por la hora, se que para vosotros es muy tarde, pero para mi es un horario normal.

Era Toni, pero… ¿qué hacía a esas horas por allí?

El joven alegó que se dirigía a trabajar, recordemos que trabaja en una panadería, entre otras cosas, pero antes debía pasar por la zona residencial de la ciudad y visitar a Michel. Toni presentaba un aspecto desangelado pero sin perder esa calidez que atesoraba siempre, de todas formas, su rostro era pálido y estaba sudoroso.

-¿Qué necesitas a estas horas tío? – Preguntó Michel

-¿Puedo entrar? Se que es tarde, pero tengo que pedirte algo – Argumentó Toni.

-Claro, pasa, pero tío, ¡di que eres tú o algo! Nos has pegado un susto de muerte – Prosiguió el músico ya tranquilizado.

El joven muchacho se adentró en el salón de la casa, tomó asiento y resopló repetidas veces. La novia de Michel le ofreció una tila, que gustosamente aceptó.

-Y ¿bien? ¿Qué necesitas Toni? – Continuó Michel.

-Es complicado y no soy de hacer estas cosas, pero… necesito tu guitarra, aunque sea una de ellas, quiero poder tocar y entretenerme hasta que me pague una por mis propios medios. Sino quieres, lo comprenderé. – Se explicaba el muchacho tartamudeando y nervioso.

Michel, por un momento dudó, pero recordaba que aun tenía una electro-acústica en el trastero, estaba algo ajada pero las cuerdas estaban en perfecto estado y quizás había que afinarla, así que fue a buscarla, para ello tenía que bajar por unas escaleras que se encontraban tras una puerta de la primera planta. Una vez llegado al sótano, buscó y buscó, pero no encontraba nada.

Por las rendijas de la puerta del garaje se colaba una tenue luz que iniciaba el nuevo día y algunos pájaros levantaban el vuelo mientras hacían algo de ruido…

(Mañana fría para el soldado urbano / que amanece a las seis y diez…)

Entre cajas apiladas y alguna estantería destartalada se hallaba la guitarra, protegida por una funda de plástico duro y dos pestañas para cerrarlas. Michel la agarró y subió hacia el salón por las escaleras.

-Toni, tío. ¡La he encontr…! ¿Y Toni? – Preguntó ahora el rockero sorprendido.

Su novia, de rodillas, recogía los trozos de cristal del vaso que estaban por todo el suelo y explicaba:

-Le di la tila y volví a la cocina a por azúcar. ¿Qué pude tardar? Oí un golpe, después los cristales y por último la puerta, cuando salí, Toni no estaba.

-Joder… pero ¿Qué coño le pasa? ¿No lo notaste raro? – Prosiguió Toni

Su novia asintió con la cabeza y con cara de circunstancias, pero seguía sin entender nada. Aun sin parecer mayor la preocupación en el ambiente, Michel salió al jardín, algo no le gustaba y en fuera de la casa creía que encontraría una pista.
Y así fue, anduvo hasta la puerta de entrada, abrió la blanca puerta de la casa y el exterior que presentaba ya un prometedor día soleado le hizo tornar a gris.

La visión que tuvo le fulminó, le dejó KO. Toni se encontraba tendido en el camino que separaba la casa del portón de entrada, boca abajo y sin vida.

El músico lo llamó repetidas veces y se acercó hasta el. Estaba frío, lo volteó… los ojos en blanco, tez pálida y labios amoratados que junto con algún rasguño en la frente debido a la caía ofrecían una imagen que quebró la voz de Michel.

-¡¡¡Toni!!! ¡¡¡Respira, di algo!!! ¡¡¡Joder!!! – Gritaba Huxley mientras agitaba el cuerpo sin vida del joven.

La novia de Michel, sin nada que decir debido a la magna escena que contemplaba se puso a llorar del estado de nervios. Su novio, arrodillado en el jardín agarraba a Toni por los hombros agitándolo, pero era en vano.

(Es difícil decidir si no estás cerca de mi / No hay banderas bajo el sol / cuando estamos solos / tú y yo)

…….

Días después, pasados y no del todo, los sucesos que servidor les ha relatado, la policía terminó el informe de lo sucedido después de recibir el trabajo del forense.

Al parecer, Antonio Junquera Sánchez (Toni) sufrió un paro cardiaco dentro de la propiedad de Miguel Hurtado Morey (Michel Huxley) lo que le ocasionó el fallecimiento. Nunca presentó problemas coronarios, pero desde hacía dos años y medio vivía solo, sus hermano jamás existió y sus padres tiró cada uno por su lado abandonándolo cuando cumplió los dieciocho, por lo que se vio asumido en un torrente oscuro y desesperado que lo condujo al consumo de heroína, causa de su prematura, pero anunciada muerte. Nunca trabajó en una panadería y nunca trabajó en un bar.

Su inesperada visita, se debió, según fuentes cercanas a la investigación, a que el muchacho necesitaba dinero para costearse una dosis, la siguiente que necesitaría sino hubiera fallecido. La guitarra iba a ser vendida con el fin de obtener una sustanciosa cifra económica, pero en el último momento se arrepintió de su acto y huyó apresurado. Sus fuerzas y la presión le hicieron una zancadilla mortal…

La estafa y anatomía de la vida ficticia que hombres y mujeres inventan e imaginan para no enfrentarse a su realidad… Nunca se termina de conocer a nadie del todo.

(Que verdad / que triste realidad / surgió de la nada / y se alza ante mí)


Ya nada será igual, es el final… de la inocencia…

Charly.-



Nota*

Habrán podido observar que tanto en esta segunda parte como en la primera hay extractos de letras de canciones, las cuales enumero:

-Loquillo “Personajes de Fitzgerald”
-Manolo Tarancón “Música Fácil”
-La Frontera “Solos Tú y Yo”
-Amaral “Concorde”




miércoles, 17 de febrero de 2010

QUADROPHENIA XV - My Little Runnaway


Tenía pensado continuar la historia de la entrada anterior, pero la continuaré en la próxima entrega. Mis razones son más que personales, un pensamiento, un sentimiento urgente prendió hace dos semanas tras una temporada demasiado invernal.
Nuevos horizontes de cambios y de canciones se abría.
Empecé a escribir la noche que fue el punto de inflexión, llegué a tener el texto completamente desarrollado, parecido, muy al estilo de Nick Hornby en “31 Canciones”, pero hoy lo he vuelto a cambiar completamente, a veces soy demasiado perfeccionista, pero esta noche me considero humanista aunque sea por un momento.



Se acabaron ciertos viajes y acompañantes, a día de hoy canciones que sonaron en su momento se detendrán hasta que vuelvan a sonarme nuevas y me sorprendan por enésima vez. The Mamas & The Papas, Ryan Bingham, Willy DeVille, Del Shannon, Quique… irán por un tiempo a mi estantería de discos, donde aguardarán su reaparición pues algunas de esas canciones y otras que no nombro, contienen una carga emocional que significaron una etapa que ahora prefiero guardar junto a esos discos hasta que pase el invierno.

Una vez leí una frase que decía:
El que fracasa es aquel que toma el camino que no le emociona.

Y ciertamente me la tomo al pie de la letra, tanto, que ahora que el viento cambia de dirección, yo voy a ir por otras corrientes, buscando lo que me emocione de nuevo y que me emocionará seguramente. Redescubro Gran Vía, Plaza de España, Princesa y el número de céntricas calles madrileñas que antes me resultaban tediosas. Las cervezas mezcladas con blues en La Coquette y la degustación de una cena eran suficientes para construirme un nuevo teatrillo del que seguro voy a disfrutar.

Por lo pronto, mi cabeza engrasada de ideas vuelve a fluir más enérgica dejando atrás un sombrero demasiado húmedo y oscuro, que ahora se ha ido volando cruzando Despeñaperros. Nuevos trabajos, colaboraciones en Efe Eme, proyectos pensados y por pensar… todo lo que conlleva un nuevo traje.
Lo importante es que sigo el camino que quiero tomar, no el que se espera de mí, buscar nuevos caminos y salir de la cueva para visitar otras y aprender de lo que se cuece desde Madrid a Londres.

¿Pero, saben? Hay canciones que, como dije más arriba, se quedarán en el olvido un tiempo. Aquellas que un primer momento de una etapa surgieron porque estaban ahí sin más, yo viví un bonito recuerdo y ellas estaban ahí. Esa chorrada de “la banda sonora de tu vida”, algo así, pero sin ser tan edulcorado. Viajando de madrugada cuando aun hacía frío y anochecía temprano o a primeras horas del día con el sol pegando en el cristal y Dylan, en una amalgama genial, hacía de un largo trayecto, el más ameno de los recorridos. Canciones de viaje, como ya escribí hará un tiempo homenajeando a Willy DeVille, Loup Garou fue el último de los discos-etapa y duele oírlo.


Otro que he mandado al banquillo ha sido Avería y Redención #7 de Quique González, aunque Pájaros Mojados pelea por ser el primer disco-etapa de hace ya… un año y medio prácticamente. Aún recuerdo Backliners y justo ahora me estremezco cuando la rememoro; las líneas discontinuas de la A4 y aquella guitarra en la canción…

“Estaréis comprando un sándwich En la gasolinera Revisando los mensajes En el móvil. Estaréis pensando en alguien Devorando carretera.”

Pero en fin, como he dicho, toca redescubrir y explorar nuevos territorios. Volví a pasearme por Discos Babel y La Metralleta, me ensucié las manos, hacía tiempo que no lo hacía y añadí un par de vinilos a mi ya surtida colección. Ahora los nuevos sonidos inundan mi casa por la mañana mientras trabajo en algún que otro artículo, salvo que salga a entrevistar, pero para eso tengo el mp4.

Chris Isaak ha cobrado especial protagonismo en esta nueva etapa con Blue Hotel, San Francisco Days, I Want You to Want Me o la archiconocida Wiked Games. Siempre me llamó la atención y estuve a puntito de ir a verlo el año pasado, este año que vuelve, procuraré pasarme a verlo aunque el concierto sea en el dichoso Palacio de Congresos, que ¡joder!, ¿no hay en Madrid un sitio más decente que no sea el Palacio de Congresos o El Palacio de los Deportes?, si es así, Joan Baez que también se pasará por la capital, tocará en el mismo sitio y es posible que también asista.

Otro artista del que me estoy empapando es Buddy Miles, tristemente fallecido y ex – batería de Jimi Hendrix. En su disco Them Changes se marca una emotiva e impresionante versión de Down by the River del gran Neil Young que dura aproximadamente ocho minutos y que en directo se alargaba algo más. Impresionante, repito.

Johnny Cash, siempre presente aparece con la sexta entrega de la serie American Recordings, grabaciones realizadas por Rick Rubín en las que el bueno de Cash interpretó las últimas canciones propias y ajenas antes de dejarnos en el 2003. Ahora, como digo, American VI “Ain´t No Grave” es la última entrega de esta saga y ha venido de perlas para redimirme de la etapa pasada.

¿Alguno más? Desde luego. Enrique Bunbury y Las Consecuencias. He disfrutado mucho escuchándolo tranquilamente, escuchando la instrumentación y las letras, con las que me identifico totalmente, por la etapa pasada, y es que como me dijo un buen amigo al que le debo una visita: “Parece que Enrique nos ha estado espiando para componer este disco.

Lo único que… ¿qué clase de fans tiene? Y yo reconozco mis andanzas en las primeras filas y colas de los conciertos, entre otras cosas, pero uno a una edad empieza a madurar y se da cuenta que los gritos, empujones y lloros son propios de los sectarios más fundamentalistas e incluso de seguidores de Bisbal o Carlos Baute (un beso a sus seguidoras, que voy haciendo amigos!). Foros que son hervideros de opiniones que si las contradices te montan un sistema inquisitorio en lo que canta un gallo.

¡Y eso que se jactan de tener cordura, cierta y a veces dudosa cultura musical y sobre todo respeto y tolerancia!

Fanatismo elevado a la máxima potencia tanto entre sus seguidores españoles como latinoamericanos y tengo la certeza de que no son todos, pues tengo amigos tanto aquí como al otro lado del charco que no pierden la cabeza ni se rasgan las vestiduras cuando se expone alguna opinión sobre su ídolo.

¿Pero otros? Muchachos y muchachas, hacéroslo mirar, de verdad. A todos nos gusta acercarnos a la gente que admiramos pero llega un momento que se sobrepasa la línea y la admiración se convierte en locura y de la mala. “Mamoneos” aquí y allá, favores con segundas intenciones y piques estúpidos para buscar la mano y amistad del ídolo como única meta o una portada firmada. Creo que este vídeo de la firma de discos el pasado 16 de Febrero en un MixUp de la Plaza de Loreto en México DF que ofreció Enrique es el claro y más reciente ejemplo.



En fin damas, caballeros y talibanes.
Voy preparando las zarzas, ramas secas y troncos que arderán bajo mis pies hasta consumirme, dejándome convertido en cenizas que se desperdigarán en el camino… buscando otros horizontes habidos y por haber.



Charly.-




viernes, 22 de enero de 2010

Quadrophenia XIV - Anatomía de una Estafa (I)

La Gibson J45 estaba en la esquina de una de las habitaciones de su casa en un pueblo costero. Del perchero colgaba la chaqueta de cuero que llevaba en las giras, debajo, impasibles, sus botas de cuero marrón. Llevaba tiempo sin tocar, pero seguía vistiendo como una estrella del rock y las gafas de sol le cegaban de toda cercanía con la realidad de la situación y la magnitud de la tragedia.

“Tuvo su momento de gloria / Un secundario papel en la historia.”

Discos de oro, premios, fotos y portadas eran espectadores de su existencia dentro del habitáculo. Sentado en la cama mientras su novia dormía recordó tiempos pasados cubriéndose con las manos la cara sudorosa.

Pasaron no muchos años desde que se despidió de su ciudad natal y mucho tardó en hacerlo, pero ahora piensa en lo próximo que puede hacer, que es nada. Los escenarios quedaban tan lejos… su último disco no fue tan apreciado por su público y aunque aparentaba no importarle, realmente le mataba por dentro. El mar a las ocho de la tarde era una marea rojiza espumosa que se agolpaba encima de la arena hasta volver mar adentro.

“Esperando la puesta de sol / Su nombre fue una institución / en el circo del rock and roll”

Los viejos amigos y compañeros de gira ya no lo llamaban, era un personaje que dejó de ser quien era cuando su magia se apagó. Algún fan quedaba por ahí que se acercaba a su casa, al principio las visitas a su casa para llevarse la foto-souvenir y un autógrafo, otras veces se pasaba por ahí sin más.
A este personaje que ahora aparece lo llamaremos Toni.

Toni era un tipo que trabajaba en una panadería de la misma ciudad que nuestro músico protagonista, que por el momento no tiene nombre. Se levantaba a las cuatro y cuarto de la madrugada para ir la panadería y dejarlo todo listo cuando el sol comenzaba a salir. Por la tarde se ocupaba de servir en un céntrico bar donde solo iban cuarentones y viejos homosexuales que no le quitaban ojo a Toni, pues tenía veintidós años recién cumplidos y era todo un trofeo para aquellos depravados que babeaban los vasos de cristal con publicidad de Cruzcampo.
Ahora ya conocemos a Toni, aunque no del todo, nunca se termina de conocer a nadie del todo.

El joven era fan de la música que hacía nuestro principal protagonista. Cuando el rockero triunfaba con su antigua banda Toni era un crío que todavía estudiaba los ríos y sus afluentes así que no pudo disfrutar de los bolos de aquel mítico grupo.
¿Cómo llegó a conocer aquella música? Su hermano mayor tenía todos los discos y los ponía a un volumen atronador, pero el mensaje le llegó a Toni. Aquello tenía gancho y merecía la pena. De los vinilos de su hermano solo pudo rescatar uno, el tercer LP del grupo debido a que su hermano vendió el resto para pagarse la dosis de heroína que necesitaba para evadirse de sus problemas, problemas que a nosotros no nos interesan, pues el repentino pero poco novedoso fallecimiento por sobredosis del hermano mayor de Toni cerraba su actuación en esta historia. Ya dije que no se termina de conocer a las personas.

Cuando Toni acabó los estudios de Bachillerato se quedó a dos velas y entre la panadería y el bar le daba para sus gastos y algo de tiempo que invertía en visitar a su ídolo que vivía a dos paradas de autobús de su casa. ¿Cómo lo descubrió? Por casualidades de la vida Toni paseaba cerca de la zona residencial en una tarde de Marzo hará tres años, incluso cuatro, se encontró con un camión de mudanzas descargando en una bonita casa de dos plantas; “otro más” pensó mientras pasaba ya a la altura del camión, delante había un coche de la marca Mercedes al que se le quedó mirando el interior tapizado en blanco cuando por detrás alguien le llamó la atención de manera tranquila:

-Perdona tío, pero tengo que abrir un segundito la puerta.

Toni se giró con algo de sorpresa pero se quedó parado y sin nada que decir cuando el tipo que le hablaba era el tipejo que aparecía en los pósters de su cuarto y lógicamente, en los Lp’s de su hermano ya fallecido.

-¡Hostias! Exclamó Toni sorprendido.

Con una sonrisa y una ligera reverencia el ídolo saludó al muchacho que se apartó a un lado para dejarle paso y así abrir la puerta del Mercedes.

-¿Eres de aquí? Le preguntó a Toni
-S….sí, vivo más o menos cerca. ¿No me jodas que vas a vivir aquí? Respondió Toni.
-Al menos eso intentaré, grabé uno de mis últim…

Pero el joven lo cortó con ansiedad.

-¡LA TREGUA! Me encanta ese disco, ¡te lo juro! ¿Podrías firmarme…? Mierda, no tengo ni boli ni papel ni un disco.
-¡Vaya! ¡Tenemos un fan! Jajaja y yo que estaba harto de que asaltaran mi jardín. Espera, creo que puedo solucionarte el problema.

El músico entró en el jardín y rebuscó en una caja donde ponía escrito a rotulador “varios”, de ella sacó un CD y una camiseta desgastada con la silueta de Eric Clapton.

-Mira, porque eres mi vecino que si no… jaja. Ten, aunque espera que… ya está, no encontraba el boli. Dime, ¿cómo te llamas?
-Toni, bueno, Antonio. ¡No, no! Mejor Toni. Respondió nervioso.

El rockero sacó el libreto que contenía el CD y escribió con rotulador plateado:

-“Para mi amigo Toni con cariño… Michel Huxley”
-¡Joder Gracias! Pero no tengo para pagarte el CD.-Profundizó Toni abrumado.
-Nada chico, cortesía de la casa.

Tras guiñarle un ojo a Toni y alegando que estaba ocupado, Michel se despidió del joven que encaminaba totalmente alucinado el camino de vuelta a casa.

No tomó el autobús, creo que ni se dio cuenta de que tenía que subirse a él, bastante tenía con el regalo y la experiencia de hace un momento. Por un momento tuvo el impulso de llegar más rápido a casa para enseñarle el obsequio a su hermano pero una iluminación lo knockeó para recordarle que su hermano murió por sobredosis de heroína y no podría disfrutar ni del momento y mucho menos de la emoción.

Y así fue como Toni entabló amistad con Michel Huxley.

Ahora Michel se toma un té rojo, a pesar de haberse despertado ya por la tarde, casi anocheciendo, tenía aún sueño y resaca. El día anterior se lo pegó con su novia viajando al norte del país para una entrega de premios, esa clase de galas en las que el presentador es un joven de treinta y pocos que luce perilla y gafas de pasta y entrega premios a músicos que con un poco de suerte conseguirán empeñar el galardón para procurarse algo de cocaína y mantener su estatus acorde con el tren de vida que llevan.

Él no recibió premio ninguno, su mánager le explicó que le vendría bien dejarse ver entre el gremio para no dar sensación de que estaba en horas bajas. Pero no fue así. En la entrada del Palacio de Congresos de la ciudad casi nadie lo reconoció, los reporteros que cubrían el acto ni se molestaron en entrevistarlo, pasó entre la gente como el que ve a un indigente en el metro en hora punta.

Ahora en su casa, tras el recuerdo de la gala, Michel deja la taza de té vacía en el fregadero de la cocina y sube para volver a su habitación. Su novia aún dormía y la guitarra de preciosos acabados y clavijas en blanco seguía en aquel rincón del cuarto.
La agarró y se la colocó, trató de afinarla y se arrancó con un éxito suyo de hace por lo menos ocho años, un guiño a Roy Orbison y su “You’re My Baby”. Le costó recordar la letra y mezcló torpemente dos estrofas, su voz algo ronca susurraba el resto de la canción hasta darla por finalizada.

Así terminó el tema, a duras penas y de mala manera, fiel reflejo de lo que es o será o fue su carrera como artista consagrado del rock patrio.

“Y la vida se le fue de las manos / Viene a cobrarse los servicios prestados”

Cuando la madruga le alcanzó a eso de las cuatro Michel se encontraba en el salón sentado viendo en dvd un concierto de su antigua banda, los echaba de menos pero no veía factible una vuelta o reconciliación, salió a hostias con el batería y no le daba la gana mirarle a la cara así que menos le apetecía volver a compartir escenario.

Su novia salió de la ducha justo cuando llamaron al portero automático, ella miró a Michel y este le devolvió la mirada.

-¿Quién coño viene a estas horas? Preguntó Huxley algo molesto mientras se levantaba del sofá.

Encaminó sus pies hacia la entrada y descolgó el telefonillo con cámara de seguridad que se encontraba a la derecha. Preguntó quien llamaba a esas horas, pero nadie contestó ni apareció delante del objetivo. La cámara enfocaba la calle que se encontraba enfrente del muro de su parcela, algún coche y los cubos de basura.

Desconfiado, Michel cerró con llave la puerta de la casa y miró a su novia con ojos de no saber nada, cuando trató de sentarse se sobresaltó al oír que esta vez llamaban a la puerta principal de la casa, por lo tanto, el misterioso visitante había traspasado la verja de la parcela y había cruzado el jardín hasta llamar a la puerta. Impasible ante la entrada, Huxley esperó prudentemente…

¡TOC TOC TOC!

La serie de golpes en la puerta alarmó a ambos, la chica de Michel descolgó el teléfono para llamar a la policía mientras el rockero observaba por la mirilla. Aparentemente no se veía a nadie por la ovalada imagen que le ofrecía aquello pero justo antes de apartar la mirada, una cabeza sombría a contraluz surgió en la visión de Michel.

Ahora ya con el sobresalto y el miedo en el cuerpo se armó con un avivador de lumbre que estaba cercano a la chimenea, abrió con muchísima cautela la puerta dejando una justa rendija por donde ver quien se encontraba ahí…

Mientras su novia sólo escuchaba tonos de llamada que se hacían largos y eternos hasta que contestara algún agente de policía…


Continuará…

lunes, 21 de diciembre de 2009

Quadrophenia XIII - S.A.D.

Habían pasado dos horas escasas desde que se acostó y ahora se encontraba enredado con las sábanas y los fantasmas del mal augurio. Los párpados abiertos dejaban a los ojos escudriñar la oscuridad que tenía su habitación. Una vuelta, otra vuelta, de lado y hacia arriba; nada, imposible dormir. ¿Cómo era posible? Calculó a ojo el rato que se mantuvo dormido y las cuentas no le salían, tal vez fueran veinte minutos o… se pensó la opción de levantarse, pero ¿para qué?

El reloj del teléfono móvil marcaba las doce y media de la noche. Mirando hacia el techo enumeraba los acontecimientos del día, sus ojos, ahora acostumbrados a la oscuridad podían tener una visión más clara de la alcoba gracias a la luz de las farolas que iluminaban la calle. Un breve suspiro dio paso al retiro de sábanas y manta para después incorporarse y sentarse en la cama. Agarró los calcetines y se puso una camiseta, hacía mucho frío, pero aun así tenía la boca seca y pastosa. Fue hasta la cocina y se sirvió un vaso de agua, de regreso a su habitación levantó la tapa de su tocadiscos y dirigió la vista hacia la estantería repleta de vinilos. Quería seguir durmiendo, pero despierto, en una especie de estado cata tónico o limbo.
El termómetro marcaba menos tres grados centígrados y los cristales permanecían empañados, colocó sobre el plato el plástico que llevaba impreso en el label “Pink Moon – Nick Drake”, pudo haber seleccionado otros discos invernales como Actos Inexplicables de Nacho Vegas o Grace de Jeff Buckley o alguno que le trajera recuerdos pero mejor no, no quería recordar por el momento en aquella noche siberiana.

Su gata montaba guardia desde el umbral de la puerta dejando escapar pequeños maullidos.

Reclinado en la silla, contemplaba minuciosamente la portada del álbum, que al contrario que el sonido que atesoraba, aportaba una imagen surrealista que en cierto modo le recordaba a una postal de pesadilla creada por Dalí. Transcurridos algunos minutos, quince más o menos, dejó de mirar la portada y se dejó llevar por la música cerrando los ojos, exactamente con Things Behind the Sun. La simpleza de aquella grabación de Drake le daba a aquella noche el ingrediente idóneo para compadecerse de si mismo bajo el tormentoso teatro que actuaba noche tras noche en su cabeza, puntual, sin faltar a ninguna de sus actuaciones.

Aquella noche no cenó, no le apetecía pisar la cocina, a decir verdad tampoco almorzó por la mañana pero se sentía saciado y no necesitaba más que una aspirina y agua.

Tic-tac-tic-tac-tic-tac-tic-tac

Las agujas del reloj marcaban cada segundo, minuto y hora, tiempo que pasaba desapercibido y se colaba entre la luz artificial de las bombillas que lucían en una retorcida lámpara en el techo.

Clong-Clung-Clong-Clung-Clong-Clung

Eran las gotas de lluvia las que ahora tras terminar el LP daban su serenata nocturna golpeando el tejado y escurriendo por la ventana en una cristalina carrera hacia la extinción. Le extrañaba que no nevara pues la temperatura era muy baja, pero eso no ocurriría hasta el amanecer.

Tumbado en la cama mirando fijamente al techo pintado de blanco se le amontonaban las ideas y de puro cansancio el sueño pudo con el.

Cuando despertó nuevamente debido a un golpe seco que sonó al otro lado de la puerta
eran pasadas las cuatro de la madrugada, sin prisa por averiguar aquel estruendo y su procedencia prefirió mirar por la ventana que le ofrecía una fría estampa, fría y húmeda pero triste y deshojada. Un cielo anaranjado cubría los edificios que no le dejaban ver más allá, alguna calle si acaso pero poco más. Se olvidó del ruido que lo despertó segundos antes y tras apagar la luz se acostó.

Con las primeras luces del amanecer la nieve ocupaba las aceras, tejados y coches. No se sentía muy animado precisamente, arrastraba aquellos fantasmas y tuvo sueños un tanto extraños que no hicieron sino amedrentarlo un poco más.

Terminó de vestirse, se enfundó una bufanda de pata de gallo calcada a la que lleva Dylan en la desenfocada portada del Blonde on Blonde y salió a la calle. La escalera de su bloque le parecía tétrica y muy cuesta abajo, la luz amarillenta coloreaba de ocre las paredes de tonos beiges. Uno a uno fue bajando los escalones hasta salir por el portal y notar el golpe del frío. Miró a ambos lados de la calle y como era propio de el tiró por el camino que tenía en frente, calle arriba. En su cabeza iba dándole vueltas a cualquier tema que se le pasara en ese momento, consiguió desconectar de la angustia que la pasada noche lo tenía atrapado y ahora tenía la mente en blanco parcialmente.

Se cruzó con dos hombres de edad avanzada, calcula que unos cincuenta y muchos que hablaban del gobierno y la inmigración, entonces reparó en que olvidó el mp4 en casa y no podía taponarse los oídos mientras caminaba por la calle como acostumbraba, pero en lugar de volver a casa y encerrarse sin salir en un ataque de agorafobia siguió caminando hasta entrar en un bar para comprar tabaco. A pesar de las horas que eran para ser un día laborable estaba atestado de gente, miraban la gran televisión de plasma en donde aparecía el presidente del desgobierno mientras debajo una marquesina con letras correderas informaban sobre los vaivenes de la bolsa.
Una mujer apoyada en el carrito de la compra se gastaba las vueltas o quizás el dinero destinado a su idea principal en una máquina tragaperras, pidiendo cambio al tranquilo camarero que le daba cincuenta euros en monedas de uno. Un teléfono móvil suena con lo último en politonos, algún ídolo latinizado que a pesar de estar a tres bajo cero cantaba distorsionadamente a través del auricular sobre lo que brilla el sol encima del mar. Con el tabaco en el bolso salió por la puerta hacia la grisácea ciudad.

Tal y como el humo salía de su boca y nariz fue difuminando recuerdos de chicas que pasaron por su vida, recuerda a una joven de nariz respingona y con dos lunares en un pómulo que era fanática de The Beatles aunque no compartían Beatle favorito, el de ella era Lennon y el de el era George Harrison. Le viene a la mente otra muchacha bajita con la que compartió mucho tiempo que era amante del punk-rock aunque no le hacía ascos al rock y al pop… compartían nombre y mal recuerdo. Casi podía calificar esos pensamientos y sentimientos como lo hacía Rob Gordon en Alta Fidelidad pero no era su estilo aunque si amaba la obra de Nick Hornby llevada al cine por Stephen Frears y protagonizada por John Cusack.

Se hacía tarde aunque eran cerca de la una de la tarde pero ya estaba cansado de gente y más gente, además pronto sería Navidad y no hay cosa que más le repugne que personas que se llevan a matar el resto del año o hermanos a hostias por herencias terminen en nochebuena o nochevieja llenándose la cara de babas para luego volverse a sus respectivos agujeros criticando al “soplagaitas” del cuñado. Deliciosamente hipócrita.

El choque de las llaves creaba un tintineo hipnótico junto con el viento h
elado de aquella mañana. Entró por la puerta y cerró para no volver a salir jamás, ya había tenido suficiente. Del mueble-bar sacó una botella de ginebra que mezcló con tónica, el gintonic de la tarde que se convirtió en compañero hasta que perdió la noción del tiempo y quedó tendido sobre el sofá con su gata en el regazo que yacía dormida mientras sonaba Diecinueve.

Con viento del Este hiciste una cama, soplaste sobre ella para templarla y con el murmullo de tu voz de agua me cantabas nanas sin letra

Tic-tac-tic-tac-tic-tac-tic-tac
Tic-tac-tic-tac-tic-tac-tic-tac

Tic-tac-tic-tac-tic-tac-tic-tac


Amaneció un nuevo día, asomado a la ventana ataviado con una camiseta en la que ponía Kill Your Idols bostezaba.

Día uno, en pie…






A peQueÑo, por los discos invernales…



Charly.-



Para cerrar el año entre cava y besos de pegatina:

Loup Garou de Willy DeVille
La Tierra está Sorda de Barricada
Ball N’ Chain
de Big Mama Thornton
You Are There de Mono
Liquor on the Front
de Reverend Horton Heat




domingo, 22 de noviembre de 2009

Quadrophenia XII - Saving Grace

Le gustaba caminar al ritmo de “Highway to Hell”.

Sincronizaba sus pasos con el ritmo de la batería. Así encaminaba el mundo. Lo miraba tras unas gafas de sol de las cuales rara vez se desprendía:

“La luz me hace daño, creo que soy como un vampiro, el oscuro traje de la noche me sienta mejor.”

Sus botas de punta desgastadas por los tropezones de la vida hablarían mucho de lo que han pisado si consiguieran esgrimir alguna sola palabra, los bolsillos siempre ocupados; un libro de puntas arrugadas y tan abiertas sus páginas que daba la sensación que sus palabras impresas se resbalarían por las arqueadas hojas. Entre sus dedos un cigarrillo y en la boca el último aliento.




Parco en palabras, decía todo con los ojos, ocultos por el ahumado cristal a su vez cubiertos por mechones de pelo ondulado. Vestía elegante pero con sello propio:

“ODIO A CASI TODOS: El regreso del buen gusto a través del exterminio”

Veía su día a día como una película de John Cassavetes, sin guión ni atrezzo, todo por rodar. Protagonista anónimo de filmes anunciados en carteles semidespegados en las húmedas calles de Malasaña. Recuerda aquellos charcos de lluvia entre la grava del asfalto en ambientes ahumados y canciones de Sabina:

“El viejo truhán, capitán de un barco que tuviera por bandera un par de tibias y una calavera.”

Era de pocos amigos, tímido en la adolescencia, serio en su madurez y Dios sabe como terminará su vida cuando llegue a la senectud. No era un tipo religioso, las iglesias mejor de lejos y las bodas en la distancia. Creía en tiempos mejores y parafraseaba a Dylan siempre que podía, la cordura por bandera y la locura por navío.

¿Recuerdan ustedes algún hecho histórico? ¿Atentados, cambios políticos o triunfos deportivos quizá?, en momentos de aturdimiento social el se limitaba a analizar la situación y con un simple chasquido de su lengua se largaba a dar un paseo, pues las calles vacías otorgaban la serenidad que dejaban escapar el resto de ciudadanos en sus casas frente al televisor.

Tuvo ídolos, pero se dio cuenta que sino era creyente mucho menos lo iba a ser de alguien en carne y hueso que pudiera herirlo en su gloria y por Gracia de Dios, si me permiten añadir. Prefería la compañía de las harmónicas y el blues de Muddy Waters cuando besaba la lona del ring, los punteos y calidas melodías de Mark Knopfler y los Dire Straits en los momentos de calma e incluso gustaba del rock and roll mas sucio en días enérgicos. No era un ser humano modélico, tampoco lo pretendía, es más, renegaba de su condición humana.



Vivió rodeado de discos, viejos vinilos los cuales trataba con mimo, compact disc que ordenaba concienzudamente por orden alfabético, libros sobre distopía, sobre música y biografías. Discos enmarcados, púas, baquetas, carteles, fotos… viejos recuerdos que aún penden de la pared de su escondite, aunque solo el polvo es el único visitante y admirador de todas esas cosas, que para el, eran joyas. La luz artificial, ahora apagada, era tan fría como el ambiente, algo perdió su calor desde hace un cierto tiempo. Hay sombras en la carretera y vendaval en su destino.


Siempre cerraba la puerta al salir… y casi siempre al entrar pero con las ventanas abiertas por si había alguna salida posible en caso de escape extremo. En su locura ataba razones al aire, para dejar las ideas volar, decía, pero el parquet de su casa reflejaba témpanos de tiempo colgando del techo y con las razones enredadas entre ellos. En su cama reposaba su cabellera cada noche, las ideas y algunos pensamientos también, aun con el oído en guardia, sus párpados caían puntuales cada vez y se dejaba mecer por las negras espinas de la nocturnidad que daban su cobijo por la espalda, clavando sus espinas en forma de mal sueño.

Gustaba de tumbarse sin nada más en la cabeza para dejarse arrastrar por las ondas que sus compañeros le ofrecían. Pasó noches de cama con Patti Smith mientras llovía torrencialmente por la ventana, imaginaba que se situaba en algún paraje de California cuando compartía almohada con la creadora de Horses, sin embargo se mostraba abrumado cuando los rayos del sol se estampaban en los cristales, entonces era Nashville la ciudad y Lucinda Williams su compañera de cama.

“Hay poco que perder pero mucho por ganar, nos queda tanto por decir…”

El amargo gintonic que solía recorrer su esófago cuando se sentía golpeado, las historias de tablas y escapistas, saltos en el tiempo y lagunas que eran pantanos, de ideas empantanadas y ruidos estancados que junto con las noches en vela lo convertían en un ser más apático si cabía. No sabía bailar y desde hace tiempo dejó de preocuparse por su estado físico, aunque se cuidaba, la barba y el largo pelo brotaban de su cara y cabeza;

“Un Jim Morrison sobrio.” como alguien le dijo alguna vez, quizá fuera mentira.

Hoy yace esparcido en el Atlántico, entre el oleaje del Cantábrico. Sus restos fueron incinerados, aunque antes donó sus órganos salvo el corazón pues lo tenía dividido en tantos pedazos como días tiene el calendario, colgando de su propio cinturón enmarcaba una imagen digna de ser reflejada por el artista más barroco. Como a Ian Curtis, a nuestro protagonista también lo encontraron colgando mientras un vinilo daba vueltas en el tocadiscos, The Idiot de Iggy Pop en el caso del maltrecho cantante de Joy Division, Nebraska de Bruce Springsteen era la melodía funeraria para el final de esta historia.

“The jury brought in a guilty verdict and the judge he sentenced me to death Midnight in a prison storeroom with leather straps across my chest.”


The End.


Cerrando las puertas de Noviembre:

Mystery Girl deRoy Orbison
Wiked Game de Chris Isaak

Under de Red Sky de Bob Dylan

Bounced Checks de Tom Waits



Charly.-