miércoles, 17 de febrero de 2010

QUADROPHENIA XV - My Little Runnaway


Tenía pensado continuar la historia de la entrada anterior, pero la continuaré en la próxima entrega. Mis razones son más que personales, un pensamiento, un sentimiento urgente prendió hace dos semanas tras una temporada demasiado invernal.
Nuevos horizontes de cambios y de canciones se abría.
Empecé a escribir la noche que fue el punto de inflexión, llegué a tener el texto completamente desarrollado, parecido, muy al estilo de Nick Hornby en “31 Canciones”, pero hoy lo he vuelto a cambiar completamente, a veces soy demasiado perfeccionista, pero esta noche me considero humanista aunque sea por un momento.



Se acabaron ciertos viajes y acompañantes, a día de hoy canciones que sonaron en su momento se detendrán hasta que vuelvan a sonarme nuevas y me sorprendan por enésima vez. The Mamas & The Papas, Ryan Bingham, Willy DeVille, Del Shannon, Quique… irán por un tiempo a mi estantería de discos, donde aguardarán su reaparición pues algunas de esas canciones y otras que no nombro, contienen una carga emocional que significaron una etapa que ahora prefiero guardar junto a esos discos hasta que pase el invierno.

Una vez leí una frase que decía:
El que fracasa es aquel que toma el camino que no le emociona.

Y ciertamente me la tomo al pie de la letra, tanto, que ahora que el viento cambia de dirección, yo voy a ir por otras corrientes, buscando lo que me emocione de nuevo y que me emocionará seguramente. Redescubro Gran Vía, Plaza de España, Princesa y el número de céntricas calles madrileñas que antes me resultaban tediosas. Las cervezas mezcladas con blues en La Coquette y la degustación de una cena eran suficientes para construirme un nuevo teatrillo del que seguro voy a disfrutar.

Por lo pronto, mi cabeza engrasada de ideas vuelve a fluir más enérgica dejando atrás un sombrero demasiado húmedo y oscuro, que ahora se ha ido volando cruzando Despeñaperros. Nuevos trabajos, colaboraciones en Efe Eme, proyectos pensados y por pensar… todo lo que conlleva un nuevo traje.
Lo importante es que sigo el camino que quiero tomar, no el que se espera de mí, buscar nuevos caminos y salir de la cueva para visitar otras y aprender de lo que se cuece desde Madrid a Londres.

¿Pero, saben? Hay canciones que, como dije más arriba, se quedarán en el olvido un tiempo. Aquellas que un primer momento de una etapa surgieron porque estaban ahí sin más, yo viví un bonito recuerdo y ellas estaban ahí. Esa chorrada de “la banda sonora de tu vida”, algo así, pero sin ser tan edulcorado. Viajando de madrugada cuando aun hacía frío y anochecía temprano o a primeras horas del día con el sol pegando en el cristal y Dylan, en una amalgama genial, hacía de un largo trayecto, el más ameno de los recorridos. Canciones de viaje, como ya escribí hará un tiempo homenajeando a Willy DeVille, Loup Garou fue el último de los discos-etapa y duele oírlo.


Otro que he mandado al banquillo ha sido Avería y Redención #7 de Quique González, aunque Pájaros Mojados pelea por ser el primer disco-etapa de hace ya… un año y medio prácticamente. Aún recuerdo Backliners y justo ahora me estremezco cuando la rememoro; las líneas discontinuas de la A4 y aquella guitarra en la canción…

“Estaréis comprando un sándwich En la gasolinera Revisando los mensajes En el móvil. Estaréis pensando en alguien Devorando carretera.”

Pero en fin, como he dicho, toca redescubrir y explorar nuevos territorios. Volví a pasearme por Discos Babel y La Metralleta, me ensucié las manos, hacía tiempo que no lo hacía y añadí un par de vinilos a mi ya surtida colección. Ahora los nuevos sonidos inundan mi casa por la mañana mientras trabajo en algún que otro artículo, salvo que salga a entrevistar, pero para eso tengo el mp4.

Chris Isaak ha cobrado especial protagonismo en esta nueva etapa con Blue Hotel, San Francisco Days, I Want You to Want Me o la archiconocida Wiked Games. Siempre me llamó la atención y estuve a puntito de ir a verlo el año pasado, este año que vuelve, procuraré pasarme a verlo aunque el concierto sea en el dichoso Palacio de Congresos, que ¡joder!, ¿no hay en Madrid un sitio más decente que no sea el Palacio de Congresos o El Palacio de los Deportes?, si es así, Joan Baez que también se pasará por la capital, tocará en el mismo sitio y es posible que también asista.

Otro artista del que me estoy empapando es Buddy Miles, tristemente fallecido y ex – batería de Jimi Hendrix. En su disco Them Changes se marca una emotiva e impresionante versión de Down by the River del gran Neil Young que dura aproximadamente ocho minutos y que en directo se alargaba algo más. Impresionante, repito.

Johnny Cash, siempre presente aparece con la sexta entrega de la serie American Recordings, grabaciones realizadas por Rick Rubín en las que el bueno de Cash interpretó las últimas canciones propias y ajenas antes de dejarnos en el 2003. Ahora, como digo, American VI “Ain´t No Grave” es la última entrega de esta saga y ha venido de perlas para redimirme de la etapa pasada.

¿Alguno más? Desde luego. Enrique Bunbury y Las Consecuencias. He disfrutado mucho escuchándolo tranquilamente, escuchando la instrumentación y las letras, con las que me identifico totalmente, por la etapa pasada, y es que como me dijo un buen amigo al que le debo una visita: “Parece que Enrique nos ha estado espiando para componer este disco.

Lo único que… ¿qué clase de fans tiene? Y yo reconozco mis andanzas en las primeras filas y colas de los conciertos, entre otras cosas, pero uno a una edad empieza a madurar y se da cuenta que los gritos, empujones y lloros son propios de los sectarios más fundamentalistas e incluso de seguidores de Bisbal o Carlos Baute (un beso a sus seguidoras, que voy haciendo amigos!). Foros que son hervideros de opiniones que si las contradices te montan un sistema inquisitorio en lo que canta un gallo.

¡Y eso que se jactan de tener cordura, cierta y a veces dudosa cultura musical y sobre todo respeto y tolerancia!

Fanatismo elevado a la máxima potencia tanto entre sus seguidores españoles como latinoamericanos y tengo la certeza de que no son todos, pues tengo amigos tanto aquí como al otro lado del charco que no pierden la cabeza ni se rasgan las vestiduras cuando se expone alguna opinión sobre su ídolo.

¿Pero otros? Muchachos y muchachas, hacéroslo mirar, de verdad. A todos nos gusta acercarnos a la gente que admiramos pero llega un momento que se sobrepasa la línea y la admiración se convierte en locura y de la mala. “Mamoneos” aquí y allá, favores con segundas intenciones y piques estúpidos para buscar la mano y amistad del ídolo como única meta o una portada firmada. Creo que este vídeo de la firma de discos el pasado 16 de Febrero en un MixUp de la Plaza de Loreto en México DF que ofreció Enrique es el claro y más reciente ejemplo.



En fin damas, caballeros y talibanes.
Voy preparando las zarzas, ramas secas y troncos que arderán bajo mis pies hasta consumirme, dejándome convertido en cenizas que se desperdigarán en el camino… buscando otros horizontes habidos y por haber.



Charly.-




viernes, 22 de enero de 2010

Quadrophenia XIV - Anatomía de una Estafa (I)

La Gibson J45 estaba en la esquina de una de las habitaciones de su casa en un pueblo costero. Del perchero colgaba la chaqueta de cuero que llevaba en las giras, debajo, impasibles, sus botas de cuero marrón. Llevaba tiempo sin tocar, pero seguía vistiendo como una estrella del rock y las gafas de sol le cegaban de toda cercanía con la realidad de la situación y la magnitud de la tragedia.

“Tuvo su momento de gloria / Un secundario papel en la historia.”

Discos de oro, premios, fotos y portadas eran espectadores de su existencia dentro del habitáculo. Sentado en la cama mientras su novia dormía recordó tiempos pasados cubriéndose con las manos la cara sudorosa.

Pasaron no muchos años desde que se despidió de su ciudad natal y mucho tardó en hacerlo, pero ahora piensa en lo próximo que puede hacer, que es nada. Los escenarios quedaban tan lejos… su último disco no fue tan apreciado por su público y aunque aparentaba no importarle, realmente le mataba por dentro. El mar a las ocho de la tarde era una marea rojiza espumosa que se agolpaba encima de la arena hasta volver mar adentro.

“Esperando la puesta de sol / Su nombre fue una institución / en el circo del rock and roll”

Los viejos amigos y compañeros de gira ya no lo llamaban, era un personaje que dejó de ser quien era cuando su magia se apagó. Algún fan quedaba por ahí que se acercaba a su casa, al principio las visitas a su casa para llevarse la foto-souvenir y un autógrafo, otras veces se pasaba por ahí sin más.
A este personaje que ahora aparece lo llamaremos Toni.

Toni era un tipo que trabajaba en una panadería de la misma ciudad que nuestro músico protagonista, que por el momento no tiene nombre. Se levantaba a las cuatro y cuarto de la madrugada para ir la panadería y dejarlo todo listo cuando el sol comenzaba a salir. Por la tarde se ocupaba de servir en un céntrico bar donde solo iban cuarentones y viejos homosexuales que no le quitaban ojo a Toni, pues tenía veintidós años recién cumplidos y era todo un trofeo para aquellos depravados que babeaban los vasos de cristal con publicidad de Cruzcampo.
Ahora ya conocemos a Toni, aunque no del todo, nunca se termina de conocer a nadie del todo.

El joven era fan de la música que hacía nuestro principal protagonista. Cuando el rockero triunfaba con su antigua banda Toni era un crío que todavía estudiaba los ríos y sus afluentes así que no pudo disfrutar de los bolos de aquel mítico grupo.
¿Cómo llegó a conocer aquella música? Su hermano mayor tenía todos los discos y los ponía a un volumen atronador, pero el mensaje le llegó a Toni. Aquello tenía gancho y merecía la pena. De los vinilos de su hermano solo pudo rescatar uno, el tercer LP del grupo debido a que su hermano vendió el resto para pagarse la dosis de heroína que necesitaba para evadirse de sus problemas, problemas que a nosotros no nos interesan, pues el repentino pero poco novedoso fallecimiento por sobredosis del hermano mayor de Toni cerraba su actuación en esta historia. Ya dije que no se termina de conocer a las personas.

Cuando Toni acabó los estudios de Bachillerato se quedó a dos velas y entre la panadería y el bar le daba para sus gastos y algo de tiempo que invertía en visitar a su ídolo que vivía a dos paradas de autobús de su casa. ¿Cómo lo descubrió? Por casualidades de la vida Toni paseaba cerca de la zona residencial en una tarde de Marzo hará tres años, incluso cuatro, se encontró con un camión de mudanzas descargando en una bonita casa de dos plantas; “otro más” pensó mientras pasaba ya a la altura del camión, delante había un coche de la marca Mercedes al que se le quedó mirando el interior tapizado en blanco cuando por detrás alguien le llamó la atención de manera tranquila:

-Perdona tío, pero tengo que abrir un segundito la puerta.

Toni se giró con algo de sorpresa pero se quedó parado y sin nada que decir cuando el tipo que le hablaba era el tipejo que aparecía en los pósters de su cuarto y lógicamente, en los Lp’s de su hermano ya fallecido.

-¡Hostias! Exclamó Toni sorprendido.

Con una sonrisa y una ligera reverencia el ídolo saludó al muchacho que se apartó a un lado para dejarle paso y así abrir la puerta del Mercedes.

-¿Eres de aquí? Le preguntó a Toni
-S….sí, vivo más o menos cerca. ¿No me jodas que vas a vivir aquí? Respondió Toni.
-Al menos eso intentaré, grabé uno de mis últim…

Pero el joven lo cortó con ansiedad.

-¡LA TREGUA! Me encanta ese disco, ¡te lo juro! ¿Podrías firmarme…? Mierda, no tengo ni boli ni papel ni un disco.
-¡Vaya! ¡Tenemos un fan! Jajaja y yo que estaba harto de que asaltaran mi jardín. Espera, creo que puedo solucionarte el problema.

El músico entró en el jardín y rebuscó en una caja donde ponía escrito a rotulador “varios”, de ella sacó un CD y una camiseta desgastada con la silueta de Eric Clapton.

-Mira, porque eres mi vecino que si no… jaja. Ten, aunque espera que… ya está, no encontraba el boli. Dime, ¿cómo te llamas?
-Toni, bueno, Antonio. ¡No, no! Mejor Toni. Respondió nervioso.

El rockero sacó el libreto que contenía el CD y escribió con rotulador plateado:

-“Para mi amigo Toni con cariño… Michel Huxley”
-¡Joder Gracias! Pero no tengo para pagarte el CD.-Profundizó Toni abrumado.
-Nada chico, cortesía de la casa.

Tras guiñarle un ojo a Toni y alegando que estaba ocupado, Michel se despidió del joven que encaminaba totalmente alucinado el camino de vuelta a casa.

No tomó el autobús, creo que ni se dio cuenta de que tenía que subirse a él, bastante tenía con el regalo y la experiencia de hace un momento. Por un momento tuvo el impulso de llegar más rápido a casa para enseñarle el obsequio a su hermano pero una iluminación lo knockeó para recordarle que su hermano murió por sobredosis de heroína y no podría disfrutar ni del momento y mucho menos de la emoción.

Y así fue como Toni entabló amistad con Michel Huxley.

Ahora Michel se toma un té rojo, a pesar de haberse despertado ya por la tarde, casi anocheciendo, tenía aún sueño y resaca. El día anterior se lo pegó con su novia viajando al norte del país para una entrega de premios, esa clase de galas en las que el presentador es un joven de treinta y pocos que luce perilla y gafas de pasta y entrega premios a músicos que con un poco de suerte conseguirán empeñar el galardón para procurarse algo de cocaína y mantener su estatus acorde con el tren de vida que llevan.

Él no recibió premio ninguno, su mánager le explicó que le vendría bien dejarse ver entre el gremio para no dar sensación de que estaba en horas bajas. Pero no fue así. En la entrada del Palacio de Congresos de la ciudad casi nadie lo reconoció, los reporteros que cubrían el acto ni se molestaron en entrevistarlo, pasó entre la gente como el que ve a un indigente en el metro en hora punta.

Ahora en su casa, tras el recuerdo de la gala, Michel deja la taza de té vacía en el fregadero de la cocina y sube para volver a su habitación. Su novia aún dormía y la guitarra de preciosos acabados y clavijas en blanco seguía en aquel rincón del cuarto.
La agarró y se la colocó, trató de afinarla y se arrancó con un éxito suyo de hace por lo menos ocho años, un guiño a Roy Orbison y su “You’re My Baby”. Le costó recordar la letra y mezcló torpemente dos estrofas, su voz algo ronca susurraba el resto de la canción hasta darla por finalizada.

Así terminó el tema, a duras penas y de mala manera, fiel reflejo de lo que es o será o fue su carrera como artista consagrado del rock patrio.

“Y la vida se le fue de las manos / Viene a cobrarse los servicios prestados”

Cuando la madruga le alcanzó a eso de las cuatro Michel se encontraba en el salón sentado viendo en dvd un concierto de su antigua banda, los echaba de menos pero no veía factible una vuelta o reconciliación, salió a hostias con el batería y no le daba la gana mirarle a la cara así que menos le apetecía volver a compartir escenario.

Su novia salió de la ducha justo cuando llamaron al portero automático, ella miró a Michel y este le devolvió la mirada.

-¿Quién coño viene a estas horas? Preguntó Huxley algo molesto mientras se levantaba del sofá.

Encaminó sus pies hacia la entrada y descolgó el telefonillo con cámara de seguridad que se encontraba a la derecha. Preguntó quien llamaba a esas horas, pero nadie contestó ni apareció delante del objetivo. La cámara enfocaba la calle que se encontraba enfrente del muro de su parcela, algún coche y los cubos de basura.

Desconfiado, Michel cerró con llave la puerta de la casa y miró a su novia con ojos de no saber nada, cuando trató de sentarse se sobresaltó al oír que esta vez llamaban a la puerta principal de la casa, por lo tanto, el misterioso visitante había traspasado la verja de la parcela y había cruzado el jardín hasta llamar a la puerta. Impasible ante la entrada, Huxley esperó prudentemente…

¡TOC TOC TOC!

La serie de golpes en la puerta alarmó a ambos, la chica de Michel descolgó el teléfono para llamar a la policía mientras el rockero observaba por la mirilla. Aparentemente no se veía a nadie por la ovalada imagen que le ofrecía aquello pero justo antes de apartar la mirada, una cabeza sombría a contraluz surgió en la visión de Michel.

Ahora ya con el sobresalto y el miedo en el cuerpo se armó con un avivador de lumbre que estaba cercano a la chimenea, abrió con muchísima cautela la puerta dejando una justa rendija por donde ver quien se encontraba ahí…

Mientras su novia sólo escuchaba tonos de llamada que se hacían largos y eternos hasta que contestara algún agente de policía…


Continuará…

lunes, 21 de diciembre de 2009

Quadrophenia XIII - S.A.D.

Habían pasado dos horas escasas desde que se acostó y ahora se encontraba enredado con las sábanas y los fantasmas del mal augurio. Los párpados abiertos dejaban a los ojos escudriñar la oscuridad que tenía su habitación. Una vuelta, otra vuelta, de lado y hacia arriba; nada, imposible dormir. ¿Cómo era posible? Calculó a ojo el rato que se mantuvo dormido y las cuentas no le salían, tal vez fueran veinte minutos o… se pensó la opción de levantarse, pero ¿para qué?

El reloj del teléfono móvil marcaba las doce y media de la noche. Mirando hacia el techo enumeraba los acontecimientos del día, sus ojos, ahora acostumbrados a la oscuridad podían tener una visión más clara de la alcoba gracias a la luz de las farolas que iluminaban la calle. Un breve suspiro dio paso al retiro de sábanas y manta para después incorporarse y sentarse en la cama. Agarró los calcetines y se puso una camiseta, hacía mucho frío, pero aun así tenía la boca seca y pastosa. Fue hasta la cocina y se sirvió un vaso de agua, de regreso a su habitación levantó la tapa de su tocadiscos y dirigió la vista hacia la estantería repleta de vinilos. Quería seguir durmiendo, pero despierto, en una especie de estado cata tónico o limbo.
El termómetro marcaba menos tres grados centígrados y los cristales permanecían empañados, colocó sobre el plato el plástico que llevaba impreso en el label “Pink Moon – Nick Drake”, pudo haber seleccionado otros discos invernales como Actos Inexplicables de Nacho Vegas o Grace de Jeff Buckley o alguno que le trajera recuerdos pero mejor no, no quería recordar por el momento en aquella noche siberiana.

Su gata montaba guardia desde el umbral de la puerta dejando escapar pequeños maullidos.

Reclinado en la silla, contemplaba minuciosamente la portada del álbum, que al contrario que el sonido que atesoraba, aportaba una imagen surrealista que en cierto modo le recordaba a una postal de pesadilla creada por Dalí. Transcurridos algunos minutos, quince más o menos, dejó de mirar la portada y se dejó llevar por la música cerrando los ojos, exactamente con Things Behind the Sun. La simpleza de aquella grabación de Drake le daba a aquella noche el ingrediente idóneo para compadecerse de si mismo bajo el tormentoso teatro que actuaba noche tras noche en su cabeza, puntual, sin faltar a ninguna de sus actuaciones.

Aquella noche no cenó, no le apetecía pisar la cocina, a decir verdad tampoco almorzó por la mañana pero se sentía saciado y no necesitaba más que una aspirina y agua.

Tic-tac-tic-tac-tic-tac-tic-tac

Las agujas del reloj marcaban cada segundo, minuto y hora, tiempo que pasaba desapercibido y se colaba entre la luz artificial de las bombillas que lucían en una retorcida lámpara en el techo.

Clong-Clung-Clong-Clung-Clong-Clung

Eran las gotas de lluvia las que ahora tras terminar el LP daban su serenata nocturna golpeando el tejado y escurriendo por la ventana en una cristalina carrera hacia la extinción. Le extrañaba que no nevara pues la temperatura era muy baja, pero eso no ocurriría hasta el amanecer.

Tumbado en la cama mirando fijamente al techo pintado de blanco se le amontonaban las ideas y de puro cansancio el sueño pudo con el.

Cuando despertó nuevamente debido a un golpe seco que sonó al otro lado de la puerta
eran pasadas las cuatro de la madrugada, sin prisa por averiguar aquel estruendo y su procedencia prefirió mirar por la ventana que le ofrecía una fría estampa, fría y húmeda pero triste y deshojada. Un cielo anaranjado cubría los edificios que no le dejaban ver más allá, alguna calle si acaso pero poco más. Se olvidó del ruido que lo despertó segundos antes y tras apagar la luz se acostó.

Con las primeras luces del amanecer la nieve ocupaba las aceras, tejados y coches. No se sentía muy animado precisamente, arrastraba aquellos fantasmas y tuvo sueños un tanto extraños que no hicieron sino amedrentarlo un poco más.

Terminó de vestirse, se enfundó una bufanda de pata de gallo calcada a la que lleva Dylan en la desenfocada portada del Blonde on Blonde y salió a la calle. La escalera de su bloque le parecía tétrica y muy cuesta abajo, la luz amarillenta coloreaba de ocre las paredes de tonos beiges. Uno a uno fue bajando los escalones hasta salir por el portal y notar el golpe del frío. Miró a ambos lados de la calle y como era propio de el tiró por el camino que tenía en frente, calle arriba. En su cabeza iba dándole vueltas a cualquier tema que se le pasara en ese momento, consiguió desconectar de la angustia que la pasada noche lo tenía atrapado y ahora tenía la mente en blanco parcialmente.

Se cruzó con dos hombres de edad avanzada, calcula que unos cincuenta y muchos que hablaban del gobierno y la inmigración, entonces reparó en que olvidó el mp4 en casa y no podía taponarse los oídos mientras caminaba por la calle como acostumbraba, pero en lugar de volver a casa y encerrarse sin salir en un ataque de agorafobia siguió caminando hasta entrar en un bar para comprar tabaco. A pesar de las horas que eran para ser un día laborable estaba atestado de gente, miraban la gran televisión de plasma en donde aparecía el presidente del desgobierno mientras debajo una marquesina con letras correderas informaban sobre los vaivenes de la bolsa.
Una mujer apoyada en el carrito de la compra se gastaba las vueltas o quizás el dinero destinado a su idea principal en una máquina tragaperras, pidiendo cambio al tranquilo camarero que le daba cincuenta euros en monedas de uno. Un teléfono móvil suena con lo último en politonos, algún ídolo latinizado que a pesar de estar a tres bajo cero cantaba distorsionadamente a través del auricular sobre lo que brilla el sol encima del mar. Con el tabaco en el bolso salió por la puerta hacia la grisácea ciudad.

Tal y como el humo salía de su boca y nariz fue difuminando recuerdos de chicas que pasaron por su vida, recuerda a una joven de nariz respingona y con dos lunares en un pómulo que era fanática de The Beatles aunque no compartían Beatle favorito, el de ella era Lennon y el de el era George Harrison. Le viene a la mente otra muchacha bajita con la que compartió mucho tiempo que era amante del punk-rock aunque no le hacía ascos al rock y al pop… compartían nombre y mal recuerdo. Casi podía calificar esos pensamientos y sentimientos como lo hacía Rob Gordon en Alta Fidelidad pero no era su estilo aunque si amaba la obra de Nick Hornby llevada al cine por Stephen Frears y protagonizada por John Cusack.

Se hacía tarde aunque eran cerca de la una de la tarde pero ya estaba cansado de gente y más gente, además pronto sería Navidad y no hay cosa que más le repugne que personas que se llevan a matar el resto del año o hermanos a hostias por herencias terminen en nochebuena o nochevieja llenándose la cara de babas para luego volverse a sus respectivos agujeros criticando al “soplagaitas” del cuñado. Deliciosamente hipócrita.

El choque de las llaves creaba un tintineo hipnótico junto con el viento h
elado de aquella mañana. Entró por la puerta y cerró para no volver a salir jamás, ya había tenido suficiente. Del mueble-bar sacó una botella de ginebra que mezcló con tónica, el gintonic de la tarde que se convirtió en compañero hasta que perdió la noción del tiempo y quedó tendido sobre el sofá con su gata en el regazo que yacía dormida mientras sonaba Diecinueve.

Con viento del Este hiciste una cama, soplaste sobre ella para templarla y con el murmullo de tu voz de agua me cantabas nanas sin letra

Tic-tac-tic-tac-tic-tac-tic-tac
Tic-tac-tic-tac-tic-tac-tic-tac

Tic-tac-tic-tac-tic-tac-tic-tac


Amaneció un nuevo día, asomado a la ventana ataviado con una camiseta en la que ponía Kill Your Idols bostezaba.

Día uno, en pie…






A peQueÑo, por los discos invernales…



Charly.-



Para cerrar el año entre cava y besos de pegatina:

Loup Garou de Willy DeVille
La Tierra está Sorda de Barricada
Ball N’ Chain
de Big Mama Thornton
You Are There de Mono
Liquor on the Front
de Reverend Horton Heat




domingo, 22 de noviembre de 2009

Quadrophenia XII - Saving Grace

Le gustaba caminar al ritmo de “Highway to Hell”.

Sincronizaba sus pasos con el ritmo de la batería. Así encaminaba el mundo. Lo miraba tras unas gafas de sol de las cuales rara vez se desprendía:

“La luz me hace daño, creo que soy como un vampiro, el oscuro traje de la noche me sienta mejor.”

Sus botas de punta desgastadas por los tropezones de la vida hablarían mucho de lo que han pisado si consiguieran esgrimir alguna sola palabra, los bolsillos siempre ocupados; un libro de puntas arrugadas y tan abiertas sus páginas que daba la sensación que sus palabras impresas se resbalarían por las arqueadas hojas. Entre sus dedos un cigarrillo y en la boca el último aliento.




Parco en palabras, decía todo con los ojos, ocultos por el ahumado cristal a su vez cubiertos por mechones de pelo ondulado. Vestía elegante pero con sello propio:

“ODIO A CASI TODOS: El regreso del buen gusto a través del exterminio”

Veía su día a día como una película de John Cassavetes, sin guión ni atrezzo, todo por rodar. Protagonista anónimo de filmes anunciados en carteles semidespegados en las húmedas calles de Malasaña. Recuerda aquellos charcos de lluvia entre la grava del asfalto en ambientes ahumados y canciones de Sabina:

“El viejo truhán, capitán de un barco que tuviera por bandera un par de tibias y una calavera.”

Era de pocos amigos, tímido en la adolescencia, serio en su madurez y Dios sabe como terminará su vida cuando llegue a la senectud. No era un tipo religioso, las iglesias mejor de lejos y las bodas en la distancia. Creía en tiempos mejores y parafraseaba a Dylan siempre que podía, la cordura por bandera y la locura por navío.

¿Recuerdan ustedes algún hecho histórico? ¿Atentados, cambios políticos o triunfos deportivos quizá?, en momentos de aturdimiento social el se limitaba a analizar la situación y con un simple chasquido de su lengua se largaba a dar un paseo, pues las calles vacías otorgaban la serenidad que dejaban escapar el resto de ciudadanos en sus casas frente al televisor.

Tuvo ídolos, pero se dio cuenta que sino era creyente mucho menos lo iba a ser de alguien en carne y hueso que pudiera herirlo en su gloria y por Gracia de Dios, si me permiten añadir. Prefería la compañía de las harmónicas y el blues de Muddy Waters cuando besaba la lona del ring, los punteos y calidas melodías de Mark Knopfler y los Dire Straits en los momentos de calma e incluso gustaba del rock and roll mas sucio en días enérgicos. No era un ser humano modélico, tampoco lo pretendía, es más, renegaba de su condición humana.



Vivió rodeado de discos, viejos vinilos los cuales trataba con mimo, compact disc que ordenaba concienzudamente por orden alfabético, libros sobre distopía, sobre música y biografías. Discos enmarcados, púas, baquetas, carteles, fotos… viejos recuerdos que aún penden de la pared de su escondite, aunque solo el polvo es el único visitante y admirador de todas esas cosas, que para el, eran joyas. La luz artificial, ahora apagada, era tan fría como el ambiente, algo perdió su calor desde hace un cierto tiempo. Hay sombras en la carretera y vendaval en su destino.


Siempre cerraba la puerta al salir… y casi siempre al entrar pero con las ventanas abiertas por si había alguna salida posible en caso de escape extremo. En su locura ataba razones al aire, para dejar las ideas volar, decía, pero el parquet de su casa reflejaba témpanos de tiempo colgando del techo y con las razones enredadas entre ellos. En su cama reposaba su cabellera cada noche, las ideas y algunos pensamientos también, aun con el oído en guardia, sus párpados caían puntuales cada vez y se dejaba mecer por las negras espinas de la nocturnidad que daban su cobijo por la espalda, clavando sus espinas en forma de mal sueño.

Gustaba de tumbarse sin nada más en la cabeza para dejarse arrastrar por las ondas que sus compañeros le ofrecían. Pasó noches de cama con Patti Smith mientras llovía torrencialmente por la ventana, imaginaba que se situaba en algún paraje de California cuando compartía almohada con la creadora de Horses, sin embargo se mostraba abrumado cuando los rayos del sol se estampaban en los cristales, entonces era Nashville la ciudad y Lucinda Williams su compañera de cama.

“Hay poco que perder pero mucho por ganar, nos queda tanto por decir…”

El amargo gintonic que solía recorrer su esófago cuando se sentía golpeado, las historias de tablas y escapistas, saltos en el tiempo y lagunas que eran pantanos, de ideas empantanadas y ruidos estancados que junto con las noches en vela lo convertían en un ser más apático si cabía. No sabía bailar y desde hace tiempo dejó de preocuparse por su estado físico, aunque se cuidaba, la barba y el largo pelo brotaban de su cara y cabeza;

“Un Jim Morrison sobrio.” como alguien le dijo alguna vez, quizá fuera mentira.

Hoy yace esparcido en el Atlántico, entre el oleaje del Cantábrico. Sus restos fueron incinerados, aunque antes donó sus órganos salvo el corazón pues lo tenía dividido en tantos pedazos como días tiene el calendario, colgando de su propio cinturón enmarcaba una imagen digna de ser reflejada por el artista más barroco. Como a Ian Curtis, a nuestro protagonista también lo encontraron colgando mientras un vinilo daba vueltas en el tocadiscos, The Idiot de Iggy Pop en el caso del maltrecho cantante de Joy Division, Nebraska de Bruce Springsteen era la melodía funeraria para el final de esta historia.

“The jury brought in a guilty verdict and the judge he sentenced me to death Midnight in a prison storeroom with leather straps across my chest.”


The End.


Cerrando las puertas de Noviembre:

Mystery Girl deRoy Orbison
Wiked Game de Chris Isaak

Under de Red Sky de Bob Dylan

Bounced Checks de Tom Waits



Charly.-

lunes, 26 de octubre de 2009

Quadrophenia XI - Poeta Malhablado

Un día libre, un día que me dispuse a aprovecharlo. Salí de casa dispuesto a comprar aquel single en vinilo de Jackson Browne, otro de Jeff Lynne y un libro sobre exploradores del año 1916 que pensaba regalar. Hacía un buen día, soleado e inusualmente caluroso para ser últimos de Octubre.

La ocasión lo merecía y los Lynyrd Skynyrd sonaban en el mp4, cazadora, gafas de sol y a pisar las aceras. Aquella tienda de segunda mano no me apasiona tanto, una clientela arrastrando sus enseres más queridos para malvenderlos y otros que prueban y/o roban baratijas, mientras apartaba vinilos infames y demás singles notaba los vaivenes de la gente que sin educación te empujaban porque les molestabas en su camino hacia la mediocridad. Nada, ni rastro de aquel single que debí comprar cuando pude. Voy a mirar en libros… nada, aquel antiquísimo libro ya no estaba. Salgo asqueado y mientras Tuesday’s Gone atrona mis tímpanos elijo el camino a seguir, la calle mayor de mi ciudad, a esas horas abarrotada de gente pendiente de sus quehaceres cotidianos, ancianos llevándose periódicos gratuitos de ocho en ocho y todo tipo de surtido humano que en un lunes a las once y media de la mañana no tiene nada mejor que hacer.

El paseo se interrumpe al ver el cartel de liquidación de una tienda de discos que yacía moribunda desde hacía tiempo. Empezó siendo una gran tienda que ocupaba tres de las cuatro plantas que tenía el antiguo centro cívico de la ciudad. Ahí recuerdo comprar novedades y libros relacionados con la música, pero la poca asiduidad del público fueron menguando su repertorio, pasaron a vender también carcasas para móviles y relojes hechos de piedra, así como películas y videojuegos y se limitaron a dos plantas, pronto dejaron de traer novedades y si llegaban era muy tarde, para entonces era una planta la que quedaba a merced de la suerte.

Cada cuanto me pasaba para rescatar algo que podías encontrar a buen precio, como un par de discos de Loquillo, el único disco de Pedro Andreu, quien fuera baterísta de Héroes del Silencio, a un precio irrisorio,… y alguna cosita más. Pero esta mañana al aventurarme dentro de la tienda y ver los restos de stock que tenían no pude evitar deprimirme un poco. Triunfitos coronaban las estanterías, unos como Bisbal o Chenoa tenían su ejemplar repartidos entre la sección de Pop Nacional y los estrellados quedaban arrinconados en su sección de Ocasión. Chavales que alguna vez en su vida tuvieron la idea de ser músico, montar un grupo y vivir de ello, nombres de pila impresos sobre fotos bizarras o de estudio fotográfico de barrio con títulos melosos. De algunos veías un par de ejemplares, en esas portadas el tiempo parece que se quedó en los ochenta y noventa aun poniendo año 2000 en la edición del artefacto.


Pero eran mínimas las expectativas de encontrarme con algo interesante, tras recorrer las estanterías y no encontrar nada me voy, sonrío a la dependienta y me marcho, justo un par de comercios más adelante se encuentra otra tienda que vivió sus buenos tiempos allá por los ochenta y noventa, Discos Beethoven, que ahora se limitaba a más o menos lo que la anteriormente citada tienda tenía, otra tienda tocada de muerte... El dependiente era un joven que llevaba tiempo trabajando ahí, muchachuelo que está casado con una antigua compañera de clase en mis tiempos de primaria. No entro, prefiero seguir caminando hacia la oficina de Correos para mandar un paquete urgente.

El calor se hacía notar y me desprendo de la cazadora que ahora colgaba de mi bolso. Apenas cuarenta y cinco minutos de haber salido de casa ya me encontraba algo apático y cansado y por que no, deprimido. A la vuelta pienso en un par de librerías, una de segunda mano donde un amable librero tiene de liquidación buenos ejemplares de obras literarias totalmente recomendables. Se me ocurre pasarme para echar un vistazo, al llevar a la puerta me la encuentro cerrada. Lástima. Voy hacia la otra librería, por el camino reparo en las numerosas tiendas de ropa regentadas por asiáticos, fruterías de autoservicio, casas de apuestas y compra-venta de oro que han crecido como setas donde antes había bancos o inmobiliarias.

Los Skynyrd van dando los últimos coletazos con Freebird, la ciudad que veo ante mis ojos está cerca de estrellarse como ya lo hizo el avión del grupo sureño. Me acerco a la librería, donde ahora hay mochilas y material escolar. Miro un estante giratorio de libros de bolsillo, ojeo algo antes de ser atendido. La biografía de Camarón editada por RBA se me presenta entre otros libros, me la llevo. RBA está haciendo un buen trabajo al editar biografías de figuras de la música como Johnny Cash, Miles Davis, Ray Charles, Woody Guthrie, el Chronicles I de Dylan…etc, el maestro Camarón no podía faltar y además mi interés por el despertaría hace unos años descubriendo viejos vinilos de mi padre. Ahora entre mis discos se encuentras obras maestras como Soy Gitano, La Leyenda del Tiempo y Como el Agua acompañado a la guitarra de Tomatito y el gran Paco de Lucía. En fin, a lo que voy; de la librería cojo la biografía de Camarón y pregunto por algo de Bob Dylan:

-¿Tarántula, de Bob Dylan? Por favor.
-Hmmm… ¿cómo? Voy a mirar en el almacén.
-Gracias.
-No, no tenemos nada de Dylan.

Salgo y mientras continúo caminando asimilo Carry On, dentro del Deja Vú de Crosby, Stills, Nash & Young. Las calles en obras cortesía del Plan E afean la ciudad y la gente, como antes he dicho, pendiente de sus cosas del día a día van hacia sus casas o hacia el bar de la esquina o quizás piensan en tirarse a la vía del metro de Madrid. El mal de esta sociedad, nos podemos cruzar con un asesino, un suicida o el próximo aspirante a político, la soledad del individuo aun estando rodeado de miles de personas. Mando un sms a mi novia, pronto estaré con ella lejos de aquí. Mis desgastadas Converse me guían hasta casa, donde la policía de nuevo ha estacionado un coche patrulla en una de las aceras de mi barrio, ya ni me sorprendo por ello, abro el portal y ni miro el buzón. Abro la puerta, enciendo el tocadiscos para que gire Pink Moon de Nick Drake, miro el correo y me alegra ver un e-mail de Rafa Domínguez (INK, Muy Poca Gente, Guisante), una llamada a las oficinas de Miguel Ríos en Granada, inspecciono el Facebook y tras el ritual, como algo.

Ahora frente al portátil terminando este escrito con un vaso de cristal lleno té rojo y una rodaja de limón, voy finiquitando la entrada de este mes, terminando lo que era un batiburrillo de ideas en mi cabeza y ahora tú estás leyendo sentado en la silla de tu cuarto, arropado del calor artificial que desprende el radiador y pensando si quizá tu vecino sea un suicida ahogado por las deudas o el futuro premio Nóbel de la estupidez.





Antes de despedirme totalmente, voy a dejar un consejo:
No pretendáis haceros amigos de las estrellas, quedaos detrás la barrera y no la crucéis. Los mitos son mitos y no queremos más ídolos caídos.

Y para este extraño mes…

Pink Moon de Nick Drake
Blood on the Tracks de Bob Dylan

Nebraska de Bruce Springsteen

Praire Wind de Neil Young

Swordfishtrombones de Tom Waits.




Charly.-




miércoles, 23 de septiembre de 2009

QUADROPHENIA X - “Grammy Latino, Disco de Oro y Tabique de Platino”




Con el aire fresco de septiembre entrando por mi ventana mientras ojeo alguna que otra revista y escucho la preciosa “If You Ever Get Famous” de The Duke and The King me dejo llevar por el tiempo y el rumor del corazón. Sinceramente pienso que por la noche estoy más lúcido, la tranquilidad (a veces) que brinda la nocturnidad y el silencio es el mejor aliado a la hora de desarrollar las ideas propias y dar rienda suelta a la concentración que tantas veces se nos escapa cuando el astro rey ilumina el cielo.
Con el ruido de este país de reformas (y no reformas de leyes que tanta falta hacen), donde los obreros te ponen la banda sonora junto a los coches y demás urbanitas dispuestos a desgraciarte la mañana con su sonata para hormigón en claxon menor.

¿Hacemos nuestra propia vida o es la vida la que nos hace a nosotros? Las distancias entre cada ser humano son mayores cada vez, aunque se encuentren a cuatro metros, perdemos el contacto y el calor. Coincidí con Miguel Ríos sobre esto; estamos perdiendo la conexión entre los “hermanos” y llevamos una venda en los ojos que no nos hace ver más allá de nuestras propias narices.

¿Acaso no preferimos comprar discos por internet?, aunque es lógico que muchos acudamos a la red de redes para encontrar ese ejemplar que se nos resiste en las tiendas, pero como ya dije hace un año en mi primer Quadrophenia, la sensación de llenarse las yemas de los dedos de polvo pasando discos hasta encontrar lo que buscabas es único, es un ritual. Por ello reivindico el calor humano y el trato entre personas sin prejuicios ni fríos comportamientos. De vez en cuando si el tiempo me lo permite (lucho por ser yo quien hace mi vida) me quedo conversando tranquilamente con algún dependiente de la tienda de discos a la que acudo.

Sin ánimo de hacer publicidad, pero la mayoría de mis tardes de fin de semana las paso caminando entre las céntricas calles de Madrid husmeando los viejos discos y las novedades en Discos Babel, el tipo de la tienda es un joven amable que estéticamente me recuerda a Neil Young; una de las últimas veces que fui tuvimos una conversación sobre Smash y lo mismo en Discos Khurcius, donde siempre que voy termino dándole conversación a Alfonso, majete donde los haya. Después vuelta a casa, prepararme la cena y tras ello, gin-tonic en mano, degustar ese LP. Por todo lo ocurrido brindo por la humanidad y por lo bien que habita el mundo, como cantó Nacho Vegas. A mi edad me siento algo viejo para según que cosas y sufro en silencio la impotencia de ver como el pueblo no hace nada para luchar por su vida, los políticos nos comen, quieren manejar todo y convertirse en el Gran Hermano de la novela de George Orwell o de Mercedes Milá para los hijos de la LOGSE.



¿Miedo?, es posible, no me gustaría vivir en un mundo en el que nos corten la libertad de la manera que lo están haciendo, gradualmente y de tapadillo, no interesan la cultura ni el libre pensamiento, los chavales de ahora carcomidos por lo más zafio de la música taladrándote los oídos en el metro mientras gritan como hienas al ritmo de su teléfono móvil son el futuro y señores, estamos soberanamente jodidos, muy jodidos.

Un ejemplo más, el pasado día 8 de Septiembre fui a la madrileña Plaza de las Vistillas junto a mi novia para ver a Aterciopelados dentro del festival del día del cooperante. Se respiraba un ambiente inmejorable entre el público y los grupos hacía bailar al respetable con cumbias por parte de Roxana Río y ritmos africanos por el lado de Biella Nuei. A eso de las diez de la noche salieron Aterciopelados, Andrea Echeverri reivindicaba la ecología y la solidaridad, Miguel Ríos cantó con ellos la preciosa canción “Maligno” y tras la actuación estelar del granadino, los colombianos siguieron desplegando un mapa sonoro haciendo que los allí presentes disfrutáramos de sana manera, pero a los rancios vecinos madroños debe ser que les molestaba el ruido que llegaban hasta sus sobrecargados salones de época de posguerra cual casa señorial, llamaron a la policía para que “cerraran el chiringuito”, por lo que los caballeros de la porra y la plaquita cortaron el concierto como se corta una mala hierba dejando a Aterciopelados con cara de sorpresa y de disgusto. Alegaban los señores de la sirena de azul que el concierto estaba programado hasta las once de la noche y se habían pasado media hora. ¡Cuidado!.

En fin, con toda la razón del mundo los grandes grupos apenas pisan Madrid y prefieren
Barcelona, donde de verdad se cuece un ambiente más cosmopolita y artístico, pero aquí en la vergonzosa capital del no menos vergonzoso estado español, a los que nos dedicamos (o dedicaron) a esto y adoramos la música nos cohíben con normas y leyes arcaicas y de olor apolillado como fijar horas en los conciertos, multas… y vamos a añadirle que el cerrar salas de conciertos está a la orden del día en las agendas de los ediles y demás buitres que pululan por la calle Génova y la Plaza de la Villa.

Y eso de tocar en la calle… es de alto riesgo y quizá no ganes para guitarras. Sino tienes permiso
de mostrar tu música ambulante, lo primero es llevarte un toque de atención por parte de la policía, que multándote y requisándote los instrumentos hacen su labor del día. Luego ve a buscar tu guitarra a la comisaría, si hay suerte te llevarás una cajita de astillas.



Madrid, Madrid, Madrid… pedazo de la España en que nací… me defrauda y me lastra, por ello mi cabeza y corazón hace tiempo que no viajan conmigo por la Gran Vía, en el metro o en por Fuencarral, sino que están por el calor del sur, allá dónde el Guadalquivir se funde con el Mediterráneo y el Sol se pierde en el Atlántico. Aquí no queda sitio para nadie, los ecos de las guitarras de Burning, Desperados, Radio Futura, Alaska… se perdieron entre húmedas alcantarillas y entre las paredes de la Sala Sol, templo que ojalá resista muchos años.



Eso espero, a no ser que a Esperanza Aguirre le de otra ventolera de esas que le dan a ella cuando el sol le da en la cara con la camisa nueva y decide sacarse más normas estúpidas o triquiñuelas varias como lo hizo para intentar cargarse el Colegio Mayor San Juan Evangelista, conocido como “El Johnny”, como ya pasó con el Teatro Albéniz o demás rincones de la cultura que peligran en la ciudad de la obra perpetua, porque señores, a los que creemos en otras formas de pensar, amamos la cultura y vemos otros mundos, no estamos bien vistos entre la marabunta irracional política, del ciudadano de a pié ni por los encorbatados en despachos; a los primeros no les gusta demasiado que pensemos, a los segundos les encanta ser el fiel servidor y a los últimos… me gustaría verles pasándolas canutas estando en paro y sin coche oficial.

Y otro tema que hace que me rasgue las vestiduras es la piratería. JA JA JA.
Cierto es que en esta broma de país un CD solo sirve para una cosa: Ser un reflector para espantar los pájaros. Doy gracias que los laserdisc no llegaron a cuajar. ¿Se imaginan una terraza con un CD tamaño vinilo? En fin, volviendo al tema, a parte de que se desprecien los discos como se desprecian, en parte la culpa la tienen los precios.
Abusivos y que no contribuyen ni aportan casi nada al músico.

Un ejemplo aproximado:
Pongamos que el nuevo disco de (X) vale 20€ en FNAC o El Corte Inglés.

De esos 20€, la discográfica se lleva 4,50€, el distribuidor 2€, la tienda o gran superficie 5,25€ y ya llevamos más de la mitad. El transportista que ha llevador en su camión palés del disco obtiene 3€, si mis cuentas no me fallan, deberíamos de llevar 3,25€ que se debería de llevar el músico que es quien ha creado eso que se llevan otros, sigo. De esos 3,25€ vamos destinar 4,30€ para impuestos, SGAE…etc. ¿Qué le queda al músico?: 95 céntimos.

Esto es un cálculo aproximado, no son exactos esos números pero pueden hacerse una idea. ¿Qué le queda al artista?, que la gente vaya a sus conciertos, donde el dinero de la entrada va íntegro para el, salvo si tocas en una sala y tienes que dar parte a dicha sala en calidad de alquiler. Por ello interesa que la música fluya por la red y llegue a oídos de la gente y vayan a verlo en directo y si gusta, compren el disco. Pero, ¿qué es lo nuevo de los señores de las discográficas? Llevarse un porcentaje de los beneficios de ese concierto. ¡Jetas!, en lugar de preguntarse en que están fallando, porque la industria musical la están jodiendo ellos por tirar de producto de usar y tirar, meten mano al maltrecho bolsillo del artista. Para empezar los músicos no tienen un sindicato como lo tienen los actores, la música es la puta de todas las artes.

Ahí van para su gozo y disfrute unos artículos que cuentan lo que yo trato de explicarles, no pierdan detalle del artículo de Diego A. Manrique, el odiado por Dylanitas y demás talifanes. Que gran circo, rock and roll y periodismo:

http://www.publico.es/culturas/250456/musicos/espanoles

http://www.elmundo.es/elmundo/2008/10/28/rockandblog/1225161434.html

http://www.elpais.com/articulo/cultura/Disparar/critico/elpepicul/20090914elpepicul_3/Tes


Algunos músicos que en su país tienen un alto nivel de fama, aquí son prácticamente inexistentes para el público, por lo que cuando vienen a Europa, no bajan de los Pirineos, claro que hay promotores que ven más rentabilidad en los festivales veraniegos que en una mini-gira. ¿Falta de divisa? Falta de vergüenza diría yo.

Y con los libros pasa tres cuartos de lo mismo, la gente lee lo último, lo que leen todos y ojo, no desprecio los best-sellers, porque de echo hay libros muy buenos como los de Paul Auster o Cormac McCarthy, pero me quejo de la falta de criterio en la sociedad, no buscan su propio gusto ni personalidad literaria o musical, simplemente leen o escuchan lo último y lo que más suena. Luego está el tema del ADSL y el monopolio de Telefónica con su línea cara pero lenta cual caracol. ¡Siempre a la cola!.

¡Y eso que nuestros políticos rockean cosa bárbara oiga! ¿Recuerdan a aquel alcalde de Oencia
en Ponferrada (León), José Estanca, conocido como “El Alcalde Rockero”?. Desde 1987 es alcalde de este pueblecito de León por parte del PP, casi nada. Juan Fernando López Aguilar, del PSOE también le da duro a las seis cuerdas, se le ve simpaticote y en algún que otro concierto se le puede ver.
¡Sin olvidar a Esperanza Aguirre! Es una rock-star, allá donde va levanta pasiones (y aceras), multinstrumentalista; sabe tocar la guitarra eléctrica, clásica y española, la batería y las narices como nadie. Con esa melena rubio-platino que ni Vince Neil en sus buenos años con Mötley Crüe.
Y por último, Mariano Rajoy, entusiasta del folclore y la música regional.












Pero no se dejen engañar, detrás de cada acorde sacado de la retorcida mente de cualquier político actual se esconden mensajes subliminales que activados en pre-campaña electoral hacen las delicias de cualquier conspiranoico. ¿Habrá que oír los discursos al revés como hacían los zumbados con los discos de Led Zeppelin?. En serio, tenemos que echar a estos dos partidos y romper con el bipartidismo, otro cáncer en este bendito país.
Mirándolo de ese modo, sería la única forma de que los religiosos con olor a cerrado tenga a toda pastilla “Black Dog” resonando en las iglesias.

Por ello, en general, señores, damas y caballeros y ratas del Parlamento, la cultura se muere con cada nueva edición de Gran Hermano o con cada grito de Belén Esteban, a golpe de talonario en el Hay-Untamiento de cualquier ciudad o entre el polvo de la memoria. ¿Hacemos algo por remediarlo? ¡Que va!, mientras Kaká no se lesione y no retiren el anís del Mono de los bares vamos bien, España irá bien, seguiremos en la Champions League y aquí no ha pasado nada. ¿La cultura? ¿Libros y discos? Eso no sirve “pa ná”, a mi dame mi sol-y-sombra que me voy “pa” casa a ver si la mujer “maecho” ya la comida que luego voy a seguir poniendo ladrillos.

Espero noten mi ironía.


Buenas noches y buena suerte.





Y como recomendaciones de este mes:

Nothing Gold Can Stay de The Duke and The King
BackSpacer de Pearl Jam
Solo o en Compañía de Otros de Miguel Ríos
Arty Party de DeVito
El Baile de la Desesperación de 091





Charly.-

lunes, 10 de agosto de 2009

QUADROPHENIA IX - "Golpe de Gracia"

Era un caluroso seis de Agosto, dando un último resoplido… me coloco el cinturón de seguridad aunque se que no me hará falta allá donde voy, ajusto el retrovisor y metiendo la primera marcha hago que el coche comience a rodar poco a poco. Me espera un eterno camino hacia un territorio que es posible me sea conocido y familiar o tal vez no, me da lo mismo, pulso el triangulito del play y por los altavoces aparecen mis copilotos; unos llevan un sombrero y una guitarra mientras cuentan historias de trovadores contemporáneos, otros más hábiles portan un banjo o un slide que sin querer, avivan el polvo dejado por las ruedas de mi automóvil. Suena “Hidden Treasure” de Jonny Kaplan; (Will I find the hidden treasure today?)

El Sol en lo alto estrella sus rayos contra el parabrisas que rebotando contra los oscuros cristales de mis gafas producen mil destellos luminosos que indican la dirección a seguir. Las horas de luz insuficientes son mi combustible. ¿Podría haber conducido por la noche? Desde luego, pero soy un animal nocturno, mi cabeza funciona a mil por hora cuando los vampiros y demás criaturas nocturnas salen de caza desafiando a las aceras de la ciudad, por lo tanto aprovecho mi desconexión momentánea para dejarme llevar por el camino, así como ya relataba Jack Kerouac en “El Camino” las aventuras y andanzas de Sal Paradise, Dean Moriarty, Marylou...etc, de Nueva York, a San Francisco pasando por Chicago, México, Nueva Orleáns… y todo el jodido continente norteamericano.
“No tengo ni sol ni luna, vivo en la carretera”.

El día continúa avanzando como yo sobre el asfalto hirviente que desprende llamaradas transparentes de calor allá a lo lejos, en el horizonte, donde los sueños y promesas se funden con el cielo. No hay un alma en la carretera y si lo hay es porque es el mismo Diablo esperándome en algún cruce para negociar mi alma con el, de momento puede esperar, tuvo suficiente con la de Robert Johnson y aún se entretiene con ella por el delta del Mississippi. Empieza a quemar el salpicadero y las viejas compañeras de autopista se suceden una tras otra a través de las ondas del radiocasete, a veces el lento country, otras un añejo rock and roll fronterizo… pero siempre canciones para el alma.
Un cartel me indica la próxima gasolinera, necesito echar combustible y parar para estirar las piernas y las ideas… las ideas… siempre pululando entre mi pelo entremezclándose con el árido ambiente que me rodea y con “A Higher Place” de Tom Petty.

Diviso a unos muchos metros la gasolinera que más atrás me indicaba el cartel, es una destartalada caseta con cuatro surtidores regentada por un hombre de, calculo, cincuenta y pico años pero con aspecto octogenario que tiene su cara curtida por el sol y el polvo del desierto. Me pregunta mi destino desconfiado, de reojo, como mirando a un extraño forastero, a lo que yo respondo sin apartar mi cara del tapón del combustible:

-Mi destino no tiene dirección y los neumáticos que marcan el camino son mis botas.

Tras ello el hombre me toca el hombro y con una mirada de párpados caídos me responde:

-Hijo, la vida y el polvo del desierto te marcaran el rostro, el calor te quemará los brazos y la luz cegará tu destino y con todo ello tendrás que vivir el resto de tu existencia vagando por las cunetas de estos caminos alejados de la mano de Dios.


No se si sería un consejo-souvenir o un billete de ida a la salvación, me meto dentro del coche y antes de accionar el contacto escucho fuera el metálico crujir de un arma, el caballero de mirada caída y rostro curtido me apuntaba con su vieja escopeta de dos cañones mientras me recordaba que debía pagarle algunos billetes y monedas.
Nota mental: Nunca subestimes a nadie, pues sus balas pueden dejarte un recuerdo para toda la vida.

Ahora atardece y pronto caerá un manto de estrellas que oscurecerá las líneas discontinuas sobre el asfalto, desde luego no divisé motel alguno ni un cartel luminoso que me ofreciera cama y amor de usar y tirar. Decidí seguir hasta que ya se me ocurriera algo, pues como anteriormente dije, por la noche es cuando funciona mejor mi cabeza. El astro Rey se ocultaba entre las montañas y unas nubes lo arropaban dando paso a la bella dama Luna. Las luces de mi auto eran ahora las protagonistas de la historia, enfocaban todo aquello que yo debía ver y ocultaban misteriosas siluetas producidas por la velocidad y mi falta de sueño, necesito descansar, pero… a lo lejos, a la derecha vislumbro la erguida silueta de alguien aunque está demasiado lejos de mi campo visual y dudo de si es una mala jugada del cansancio o si es el mismo diablo que al fin se ha decidido a comprar mi alma a cambio de Dios sabe que.

Según podía avanzar mi visión se aclaraba y podía ver aquella silueta que ahora se antojaba alta y delgada portando un sombrero. ¿Un Autostopista? ¿Lo llevo? ¿Qué puede pasar?, me lo pienso un rato hasta que con los intermitentes derechos advierto que voy a detenerme unos segundos en el arcén. Llego a la altura de la que ahora podía ver a una persona, afortunadamente humana, de tez clara, ojos misteriosos y sombreados, las facciones de la cara marcadas, larga melena, patillas y bajo su nariz un fino bigote. Portaba consigo una funda de guitarra, se acerca y da una última calda a su cigarro antes de tirarlo, su esquelético cuerpo se asoma por la ventanilla para comenzar una amistosa pero extraña conversación:


-¡Hey tío! ¿Hacia donde vas compañero?
-Voy… voy hacia un destino sin concretar… ¿y tu? ¿Que hacías a estas horas en el arcén?
-Tengo demasiado corazón y voy hacia el infierno, me han citado desde hace un mes pero no me decidía a ir, ¿bueno que? ¿Me llevas?
-Sube, de todas formas todos tendremos que ir algún día allí.

El desgarbado caballero de pelo largo y fino bigote se sienta a mi lado, en el asiento del copiloto, me da las gracias por recogerlo, me ofrece cigarrillos y algo de heroína, le agradezco el gesto pero no me apetecía. Según avanzábamos devorando carretera, el extraño compañero de ruta a penas habla, se limita a ver el lóbrego paisaje que nos brindaba aquella noche con sus ojos vidriosos y diría que de mirada perdida, sin girar la cabeza espeta:

-Tío, este paisaje me recuerda a Nueva Orleáns, donde estuve una larga temporada viviendo, la oscuridad tenía allí un encanto, me acostaba escuchando boogie y al despertar, blues. Aunque aquellas luces a lo lejos son como si estuviera viendo Nueva York, donde yo nací y me crié, pero en L.A… odiaba esa ciudad.

Sorprendido por su comienzo en la conversación le sigo la corriente:

-Parece que viviste una vida distinta en cada lugar.
-Bueno… uno nunca es profeta en su tierra, ¿entiendes tío?, pero mi intención era pirarme a Londres aunque no tardé ni un año en desilusionarme y me volví a San Francisco. Allí conocí a unos amigos y formamos una banda de auténticos killers, pero San Francisco nos parecía demasiado inocente para nosotros de modo que atacamos la Gran Manzana, ¡volví de nuevo a casa! Jajajaja a mi puta jodida ciudad natal.

-¿Erais asesinos en serie o algo así?

-Más o menos… ya sabes, hace falta dinero para comer y hay que buscarse los garbanzos… Si tío, si… la Gran Manzana… nuestras fechorías no eran nada escandalosas por allí pero éramos muy nombrados por Gran Bretaña. ¡Jajaja, esos hijos de mala madre no quería que volviéramos por allí, nos tenían miedo! Jajaja.

Sin apartar la vista de la carretera seguí dándole conversación:

-¿No os trincaron?

-¡Que va! Aunque me cansé de mi banda tío, me largué a París de modo secreto sin que las mafias americanas se enteraran y afortunadamente a penas se dieron cuenta de mis actos vandálicos en el Viejo Continente, yo tenía el “Savoir Faire”… si… yo lo tenía.

Mi acompañante agacha la cabeza y parece lamentarse, nuevamente la levanta y mira al frente, enciende un cigarrillo y observa por la ventanilla… silencio… no dice nada, quizás sea mejor así. Los minutos pasaban largos y las horas eternas, el ambiente estaba demasiado cargado dentro del habitáculo y opto por bajar las ventanillas y en ese momento vuelve a hablar:

-Hummm tío. ¿Lo hueles?

-¿El qué? Yo no…

-Si si, joder, si, estamos cerca. ¿No hueles el azufre?

-No, solo huelo a humedad, diría que es posible que llueva.

-Eso es porque en tu cabeza hay tormentas y tempestades, presta atención a tus sentidos tío y olisquea el ambiente, verás como lo percibirás.

Yo no conseguía oler a nada más que a tierra mojada, no le hice demasiado caso pero el quería conversación por otro rato:

-Tuve que reconducir mi vida, por mucho que hice y deshice no tenía donde dejar un bonito cadáver y necesitaba alguna relación digna con una mujer. Escapé otra vez y me quedé en Brooklin, allí conocí a mi chica. Era una jodida máquina en la cama, era tremenda, despampanante… haría resucitar a un muerto con el vaivén de sus caderas…

Otra vez siente nostalgia, golpea levemente la guantera y con un hilo de voz dice; “Toots”.
Decido hacer una parada de unos minutos para estirar las piernas y respirar. Mi compañero de carteara baja del coche, desenfunda su guitarra y sentándose sobre el capó continúa relatándome su historia mientras hace sonar levemente el instrumento:

-¿Ves aquella estrella que parpadea? Esa era mi vida, intermitente y poco a poco fue apagándose. Mis escarceos con la delincuencia ya no tenían a penas repercusión, cada vez iba a menos, más mediocre aunque estuve muy cerca de tocar la gloria durante un corto periodo de tiempo, la gloria, esa a la que yo llamo “La Princesa Prometida”.

-¿Nunca diste con tus huesos en la cárcel?

-¿La cárcel? Mi existencia era una estúpida prisión, no volví a ser el mismo, mi chica se esfumó y me volví a esposar, nunca mejor dicho, con una señorita llamada Lisa pero también se esfumó, digamos que se casó con la muerte y a mi me dejó tirado. Yo no sabía dónde volar, ensucié mi vida y me volví a emparejar y como una reconocida derrota regresé a Nueva York. Nina se llamaba mi tercera mujer, me ofreció las últimas caladas de amor antes de marcharme definitivamente y encontrarme enfermo por una cuneta y ahora aquí hablando contigo.

Sentado frente a el, su historia me había dejado sobrecogido, ahora era yo el que necesitaba un pitillo, le pido uno y me ofrece su cajetilla y un Zippo. Fumando durante cinco minutos decidimos reanudar nuestra marcha hacia a saber dónde. El silencio reinaba en el interior del auto, dejábamos atrás kilómetros y sembrábamos historias agitadas, aquel tipo no volvió a hablar, se limitó a cerrar los ojos y apoyar su cabeza hacia atrás, creo que estaba demasiado cansado. El cuentakilómetros seguía marcando los ciento treinta por hora y la noche que para mi olía a tierra mojada para el extraño señor del fino bigote aquella oscuridad le olía a azufre.

No podía continuar más, no quería sufrir ningún accidente pero todavía faltaban ochenta kilómetros para llegar al primer motel de la zona, el sueño pesado me empujaba los párpados hacia abajo y necesitaba reposar todo el camino digerido, encendí la radio para mantenerme entretenido, equilibré el sonido para no despertarlo y permanecí despierto como pude hasta que llegamos al desconchado motel. Woody Guthrie amenizaba la llegada al aparcamiento de nuestro retiro, todos debíamos descansar, ésta máquina mata fascistas.

Al bajar del coche reservé un par de camas, volví al auto y lo desperté. Sus ojos estaban de un extraño color amarillento, no pronunció palabra alguna y se limitó a caminar
como pudo hacia la habitación, se tumbó boca arriba y cayó en un profundo sueño. Hice lo mismo, no tardé en caer rendido en los brazos de Morfeo.

No se el tiempo que pude estar durmiendo, pero diría que aun era de noche, me reincorporé y masqué el ambiente algo húmedo, miré a mi izquierda donde mi nuevo amigo se encontraba en su cama pero que para mi sorpresa ya no estaba. ¿Qué había podido pasar? ¿Dónde diablos se ha metido? Rápidamente miré por la ventana, temía que me hubiera robado el coche pero ahí seguía aparcado en el parking. Yo no podía dejar de darle vueltas, me vestí como pude y calzándome las botas por el camino bajé hasta la recepción, allí pregunté si había visto salir a mi acompañante pero respondieron negativamente. No podía ser, subí por segunda vez a la habitación y registré todo; ni rastro. Sin darme más explicaciones bajé aturdido y me aproximé al coche, abrí la puerta y me senté, ya dentro observé el paisaje aun oscuro pero con retazos de una tenue luz rojiza, mis ojos se toparon con el luminoso del motel donde pude leer: “El Infierno”.


Una mueca de simpatía recorrió mi cara, curioso el nombre de aquel lugar. Tras suspirar un segundo, quizá dos, coloqué el retrovisor, me abroché el cinturón de seguridad y abrí la guantera para sacar mis pastillas, pero de aquel pequeño compartimiento cayó una tarjeta de cartón que dio a parar al asiento del copiloto, la sujeté con el dedo índice y pulgar y pude leer:

“Ud. Ha sido sacudido por el rock and roll, atentamente: Willie deVille”.




Charly.-